Empate con sabor a nada

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Fue empate en un gol. No se podía esperar más en cuanto a resultado, porque -al fin de cuentas-era una selección argentina improvisada que enfrentaba a un híbrido equipo de México. Se entiende que las urgencias estaban centradas más en embolsar u$s 500.000 que en ver el rendimiento de los jugadores que militan en equipos de nuestro medio.

En materia futbolística, podría decirse que el partido dejó poco y nada, porque ya hay vientos que anticipan, a algo más de un año del Mundial de Alemania, que hay doce jugadores «apóstoles» y que el resto será probado con cuentagotas en los partidos que restan en las eliminatorias. Por tanto, se sabe que, de este equipo que jugó contra México, si quedan uno o dos, será una verdadera sorpresa.

Sí es cierto que José Pekerman ya se decidió por Abbondanzieri, Ayala, Heinze, Zanetti, Sorín, Luis González, Cambiasso, Mascherano, Aimar, Riquelme, Saviola y Crespo, como integrantes de avanzada; el resto deberá ir acomodándose de a poco. Descontando que la competencia de los que juegan en Europa es mayor que la nuestra, es de suponer que los de aquí están un poco más lejos. Por lo menos, los que integraron el equipo en Los Angeles ante un México con casi todos los que se consideran titulares.

De una selección como la que presentó Pekerman no se podía pedir más que individualidades, que vale la pena decir que no son pocas. Pero la suma de la capacidad que puede ofrecer cada uno de ellos de ninguna manera forma un equipo, ni siquiera hubo tiempo para tratar de imponer una mínima cuota de fútbol asociado. Se vio en el gol en contra de Fuentes (tras una serie de errores colectivos) y en el del empate de Argentina, un verdadero golazo que surge siempre de los pies de los que saben. El resto quedará para las estadísticas y para engordar las arcas de la AFA, que en estos tiempos cae como oasis en medio del desierto.

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