En busca de una protesta creativa por los pladares

Deportes

En un país complicado por continuas protestas sociales y la inhabilidad de los protestantes de hacerlo sin incomodar al resto de los ciudadanos, lo que pasó en el rugby fue de muy bajo perfil.

En la previa del comienzo de un nuevo campeonato de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) la palabra huelga la usaron los mismo jugadores y se multiplicó en la prensa. No sé si jugaremos el domingo, repetían los cabecillas de la movida remarcando una posición que tiene su mérito.

La Unión Argentina de Rugby (UAR) comenzó en el 2008 un plan de alto rendimiento en el que sus jugadores de elite serían desarrollados. Para esto, un pequeño grupo de jugadores percibiría dinero en compensación a su esfuerzo. Mientras se aceptó casi universalmente que esta era la forma de avanzar, una única unión provincial se opuso; la poderosa URBA vio las cosas de manera distinta.

Al reclamar que el sistema y los planes futuros no fueron bien explicados por la UAR cuando fueron a la URBA o que la URBA no acepta los pagos en sus estatutos - mas allá de que el dinero cambió de manos repetidas veces en forma informal desde 1997 - le permitió a la entidad porteña fijar su posición. A los jugadores se les permitiría jugar dos años según un régimen y autorización especial. Luego de eso, la UAR le aseguraría a sus mejores jugadores suficiente competencia.

Pero chocaron con la realidad. Es demasiado duro, o caro, encontrar competencia regular para cualquier equipo; mas aún para uno argentino que no puede conseguir rivales dignos en la región. La UAR debería haber vuelto a la URBA y pedir que les permitan actualizar su presentación. Parados en un pedestal político, no lo hicieron.

Por otra parte, la URBA llegó a su postura a través del voto de sus clubes. Aquí se falló en la consulta a sus activos: los jugadores.

Esta falta de comunicación está siendo problemática y cansadora. Se llamó a una Asamblea Extraordinaria la semana pasada, pero las opciones de voto no incluyeron lo que querían o necesitaban los jugadores. De más está decir que no quedaron satisfechos con lo decidido y ahora crece la presión.

Aquellos que participan del PLADAR y reciben la renta - no es un sueldo como nos dicen - sólo podrán jugar si renuncian al dinero. Hacerlo va de punta con el mensaje que les llega de arriba; hay que bancar, les dicen. Entonces, para algunos pocos jugadores que no viajaron a Sudáfrica con Los Pampas XV, el rugby es algo para lo que practican desde la segunda semana de enero pero que no han podido jugar.

Luego, en el encuentro televisado, SIC y Belgrano dan comienzo al partido pero luego se niegan a jugar por diez minutos. El público los aplaude en señal de apoyo, aunque parece un gesto vacío.

Queda claro que la URBA debe actualizarse y entender que usar a los jugadores como piezas de un ajedrez político es inútil y hasta se peca de inocente. Terminarán con la cara roja del papelón. Y los jugadores deben ser más creativos para protestar, como parece harán el fin de semana cuando el seleccionado de Buenos Aires juegue la final del Campeonato Argentino.

Dejá tu comentario