Estudiantes jugó con el corazón, no perdió la fe y fue campeón

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Estudiantes fue un legítimo campeón, pero le tiene que agradecer mucho a un Boca que tenía todas las ventajas para lograr el título y las fue despilfarrando una por una.

La derrota de Boca fue «la crónica de una muerte anunciada». Hasta en esta final Boca tuvo la ventaja de un gol tempranero y, sin embargo, no supo mantener la diferencia.

Los dos salieron a presionar en la mitad de la cancha y a atacar con agresividad. La primera llegada fue de Estudiantes con un cabezazo desviado de Alayes ante una floja salida de Bobadilla en un centro de Verón, pero el primer golpe lo dio Boca con el gol de Palermo, luego de un gran desborde y centro de Ledesma que cruzó de derecha a izquierda.

Boca había salido con un planteo ofensivo y muy diferente de los habituales de Ricardo La Volpe. El dibujo táctico mostraba un 4-3-3 con las sorpresas de Cahais en defensa en lugar de Matías Silvestre y de Guillermo Barros Schelotto por Guillermo Marino.

Estudiantes, en cambio, salió con su habitual 4-4-2, con salida por los dos costados del mediocampo con José Sosa por derecha y Diego Galván por izquierda.

El partido se jugaba con mucha velocidad, y el mediocampo era una zona de tránsito, por lo que sucedían las jugadas de gol. Por un lado, Estudiantes atacaba con centros cruzados, aprovechando la flojedad de Bobadilla en las pelotas aéreas, mientras que Boca prefería el contraataque con la velocidad de Palacio y las proyecciones ofensivas de Ledesma y de Neri Cardozo.

Pero a los 39 minutos hubo una jugada que cambió el rumbo del partido. Ledesma le cometió falta a Pablo Alvarez y en el suelo se golpearon. El árbitro Sergio Pezzotta no vio nada, pero sí su asistente Darío García, quien le informó y el árbitro los expulsó a los dos. El que más perdió con esto fue Boca, porque nunca pudo reemplazar el despliegue de Ledesma. Primero La Volpe hizo bajar a Guillermo Barros Schelotto y, después de un par de distracciones en la marca, lo reemplazó por Calvo.

En cambio, Estudiantes se acomodó muy rápido. Diego Simeone le ordenó a Angeleri que fuera como último hombre y puso a Alayes a la derecha y Ortiz a la izquierda.

El pecado mayor de Boca fue retroceder sus líneas y renunciar al ataque. Le dio el protagonismo a Estudiantes y lo pagó caro. Primero, un tiro libreperfecto de Sosa, por falta de Díaz a Lugüercio y, después, un gol insólito a un equipo estructurado, que fue el que terminó definiendo el campeonato: saque largo del arquero Andújar que encontró mal parada a la defensa de Boca; Díaz retrocedía tarde después de discutir con el árbitro, y Cahais que atinó a rechazar y dejó picar la pelota para que le llegue a Bobadilla. Cuando giró su cabeza, se dio cuenta de que a sus espaldas picaba Pavone, quien lo anticipó y definió por arriba con mucha categoría. Después, La Volpe sacó al juvenil Cahais poniendo al descubierto su error, pero Boca no supo cómo revertir la historia. Los nervios, la falta de confianza y el desorden jugaron en contra de un Boca que hace mucho tiempo había perdido el campeonato por falta de convicción en lo que proponía su técnico.

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