22 de febrero 2002 - 00:00

Fútbol violento, ¿buen negocio?

Cada vez que hay un muerto producto de la violencia en el fútbol (ayer se confirmó la del chico de 12 años herido), se realizan replanteos, pedidos de leyes más duras, se forman comisiones especiales para solucionarlo y hasta se realizan congresos que sacan conclusiones y después se dan cuenta de que las leyes que ellos proponen ya existen y que serían eficaces si se aplicaran. Siempre se habla de «la decisión política» de terminar con las barras bravas que tanto daño provocan, pero, después, el tiempo pasa y todo queda en declaraciones a la prensa y buenas intenciones.

Pero en lo que todos están de acuerdo es en que hay «intereses creados»; para ser más claro, existe el «negocio de la violencia en el fútbol» y hay muchos que se favorecen con ella.

El ex comisario inspector de la Policía Bonaerense Edgardo Mastrandea, hoy devenido en asesor en temas de violencia del Frepaso, hizo duras declaraciones en Santa Fe, volviendo a poner en el tapete los operativos policiales en las canchas de fútbol: «La Policía no es efectiva, en primer término, por corrupción. Dicen que mandan 500 agentes y, en realidad, envían 200 y se quedan con el resto de la plata pagada por los clubes. Pero lo que es más grave es que también perdió poder de disuasión, porque hubo partidos con 1.800 policías y para los violentos eran como si no existieran», sentenció.

Mastandrea le pegó a la fuerza policial, que él mismo integró, donde las dos veces en los últimos tiempos en que fue investigada se comprobó que no mandaba la cantidad de policías contratados. Una fue en San Lorenzo - Huracán en 2001; y la otra, más reciente, en el clásico Boca-River en Mar del Plata, por la que se han procesado a tres comisarios. También habló de la dirigencia de fútbol haciendo una fuerte denuncia contra los dirigentes de Boca, a los que acusó de «entregarle talonarios de entradas a un capo mafioso de la barra brava que trabaja en el área de seguridad de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires». Para afirmar «que este individuo tiene licencias especiales y viaja donde juegue Boca, ya sea en el país como en el extranjero, y los días previos a los clásicos se instala en el bar de enfrente en la calle Perú y vende las entradas que le dan los dirigentes para financiar a la barra brava». El presidente de Boca, Mauricio Macri, le contestó que «Boca no tiene ninguna relación con la barra brava, ni otorgó entradas a sus integrantes. Aquel que tenga algo que denunciar que lo haga en la Justicia y no en los medios». En la denuncia hay datos ciertos y comprobables y hasta se da el nombre y apellido de un hombre que pertenece a La Doce y trabaja en el área de seguridad de la Legislatura porteña. El resto tendría que ser investigado por un fiscal, pero la reflexión, si existe este modo de operar, es saber si es cierto que las entradas son entregadas por los dirigentes, sea por desidia o amenazas, como fue denunciado en su oportunidad por Antonio Alegre y Carlos Heller ante la Justicia.

La otra pata de la sota está conformada por algunos dirigentes políticos que en sus actos cuentan con «los muchachos de la hinchada de ...» y en la cancha uno ve banderas, que no deben ser gratuitas, con los colores del club y el letrero de «menganito diputado». Como se ve, la cosa es muy complicada, porque hay muchos que lucran con la violencia y los violentos, aunque en el medio se pierdan vidas humanas y el número de víctimas de la lista trágica ya se haya elevado a 167.

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