River y Quilmes jugaban por el gran premio: el liderazgo de la B Nacional. Como cualquier partido entre equipos fuertes, la previa se calentó desde bien temprano.
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Uno de los que "picó" el partido fue Ricardo Caruso Lombardi, entrenador del "Cervecero". Caruso, verborrágico, aprovechó cuanta oportunidad tuvo en los medio de comunicación.
A la hora del juego, en la mitad del segundo tiempo Alejandro Domínguez cayó en el área de Quilmes y pidió penal. Pablo Lunati no compró y comenzó lo disparatado.
El "Chori" reclamó y reclamó. Ante la negativa del árbitro, lo miró a al entrenador visitante y, juntando sus manos, hizo el gesto que acusa un soborno o coima.
Como respuesta, Caruso se tocó el pelo como si se lo arreglara y le gritó "¡Puto!" al delantero "Millonario".
Almeyda también tuvo su discusión con Lombardi, pero no llegó a más por la intervención de un colaborador.
Lunati no se complicó y resolvió de forma simple: expulsó a ambos técnicos y amonestó a Domínguez.
Almeyda explicó que "el técnico rival estaba ofendiendo a un jugador mío (Domínguez)" y olvidó que no podía salir "del cuadrado" que limita los movimientos de los entrenadores.
Como respuesta, el DT del equipo el sur de la provincia de Buenos Aires alegó: "Él se la agarró conmigo, pero son cosas del fútbol, no hay que agrandar".
Con la rápida solución de Lunati, se anuló un insólito conflicto. Uno más en la carrera de Ricardo Caruso Lombardi.
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