Italia: matan a un policía en un partido y se paraliza el fútbol

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La muerte de un agente de policía durante violentos choques con hinchas durante un partido entre Catania y Palermo, motivó ayer la suspensión de todos los partidos de fútbol previstos para el fin de semana, en una medida que podría extenderse por tiempo indefinido.

Un policía de 38 años murió a consecuencia de las heridas recibidas en los choques entre las fuerzas del orden y 'ultras' del club Catania, luego de un clásico siciliano que ya había sido marcado por la violencia, al punto que tuvo que ser interrumpido durante media hora.

Originalmente, el partido había sido previsto para mañana, pero repentinamente fue adelantado al viernes precisamente por los temores sobre enfrentamientos entre hinchas.

La gloria de haber conquistado la Copa del Mundo en Alemania el año pasado aparentemente no logró resolver problemas cada vez más graves en el 'calcio', y los violentos choques de ayer provocaron llamados a adoptar medidas enérgicas para poner fin a esta situación.

Instantes después de conocerse la noticia de la muerte del policía, el director extraordinario de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Luca Pancalli, anunció que todos los partidos de fútbol, en todos los niveles, previstos para el fin de semana estaban suspendidos.

Pancalli incluso sugirió que esa suspensión podría extenderse indefinidamente, aunque esa decisión sería adoptada el lunes. "Una jornada no es suficiente. Sin medidas drásticas, no se retomarán los partidos", dijo Pancalli.

Según Pancalli, "una jornada no es suficiente, y por ello nos reuniremos el lunes en carácter de urgencia con el presidente del Consejo (jefe del gobierno), Romano Prodi, la ministra de deportes Giovanna Melandri y el ministro del Interior Giuliano Amato".

"Yo no continuaré de esta forma. En este momento me siento transtornado, como italiano y como hombre del deporte. Quisiera que no se vuelva a jugar mientras no se aísle a estas personas odiosas", dijo el dirigente de 42 años, bajo visible emoción.

"Se trata de delincuencia pura; estas personas no deberían tener acceso a un estadio. Es necesario adoptar respuestas severas y fuertes", añadió.

Pancalli fue nombrado para conducir la FIGC luego de los escándalos de corrupción que conmovieron al fútbol italiano en la primera mitad del año pasado.

Para Prodi, la suspensión de los partidos de fútbol constituía una "decisión justa", porque en su opinión el deporte italiano "debe ahora detenerse y reflexionar".

"Mi pensamiento está con las personas que están sufriendo (por los incidentes) y sus familiares. Pero tengo el deber de decir que una señal fuerte y clara es necesaria para evitar la degeneración del deporte, una degenaración que notamos más y más dramáticamente", dijo el jefe del gobierno.

Por su parte, el presidente de la república, Giorgio Napolitano, emitió una nota oficial donde afirmó sentirse horrorizado "por la gravedad de los incidentes y por el impresionante número de heridos entre las fuerzas del orden y ciudadanos".

Para Napolitano, "a la firme condena por el recrudecimiento dramático de actos de violencia en competiciones de fútbol, se debe sumar opciones y comportamientos coherentes por parte de las autoridades responsables".

En tanto, la ministra Melandri dijo a la prensa que "el gobierno no tolerará más que a cada día del campeonato de fútbol, miles de agentes policiales tengan que ser movilizados si su integridad física y la de los ciudadanos resultan amenazadas".

Por su parte, el entrenador de Palermo, Francesco Guidolin, dijo que caso continúe de esta forma el fútbol estará condenado. "Ganamos este partido, pero no puedo disfrutar de esta victoria. El fútbol no durará mucho de esta forma. Ya no hay diversión en esto", dijo Guidolin.

La muerte del agente policial ocurrió apenas una semana después que un dirigente de un equipo aficionado falleció cuando intentaba separar una gresca entre los jugadores de su equipo y seguidores de un conjunto adversario, en un episodio que encendió la luz de alerta en el fútbol local.

Los hinchas de Palermo consiguieron ingresar al estadio recién a los 55 minutos de juego, justo cuando su equipo se ponía adelante con un gol de Andrea Caracciolo. El gol y la llegada de los hinchas dio inicio a los desórdenes.

Según testigos, bombas de gas comenzaron a caer en la zona donde estaban instalados los hinchas de Palermo, pero la nube de gas lacrimógeno llegó al terreno de juego y los jugadores tuvieron que refugiarse en los vestuarios durante media hora.

Apenas un minuto después del reinicio del partido, Catania empató mediante Fabio Caserta.
Sin embargo, Palermo llegó a la victoria a los 83 mediante un gol de David Di Michele, en una jugada en que los jugadores de Catania reclamaron que había acomodado la pelota con un brazo.

Después del silbatazo final, 'tifosi' y 'ultras' de Catania volvieron a enfrentarse con la policía en las calles aledañas al estadio, transformadas en escenario de verdaderas batallas campales.

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