14 de octubre 2018 - 22:24

La historia detrás del beach handball, el deporte que revolucionó Buenos Aires 2018



Mientras todas las luces de los Juegos de la Juventud apuntaban a la figura de Delfina Pignatiello, los equipos de hockey, María Sol Ordás o Sebastián Báez, en Parque Sarmiento se fue gestando una revolución inesperada. El beach handball terminó siendo la gran vedette de los Juegos de la Juventud, a raíz de su dinámica y el descubrimiento de un público que lo vivió a pleno.

El handball no es nuevo. En Argentina tiene casi cien años y es uno de los deportes más practicados en los colegios y clubes. Pero en su formato de arena fue creado a comienzos de los 90 en el sur de Italia. En nuestro país apenas lleva unos años. Los equipos que compitieron en Buenos Aires 2018 fueron seleccionados de distintos torneos, competencia y campus del estilo tradicional.

Entre otras diferencias, la cancha es más chica, hay menos jugadores (siete en el tradicional y cuatro en el beach), y fundamentalmente el estadio, que deja de ser cerrado con piso duro y se emplea uno al aire libre con arena. Como todo deporte de esta clase, causa sensación, aunque en estos Juegos, la cosa fue más allá.

"Fue la atracción, les dije a todos que a medida que Argentina vaya ganando, el estadio iba a quedar chico. Me dijeron que estaba loco, pero quedaron cinco mil personas afuera de la final", cuenta Daniel Zeballos, entrenador del equipo masculino que obtuvo el bronce, a ámbito.com.

Tanto el combinado de mujeres como el de varones tuvieron que formarse desde cero. Todos provenían del indoors, y debieron adaptarse al nuevo formato. Giros, cambios permanentes, otra forma de correr y sin picar la pelota. Un cambio radical que terminó con frutos sobresalientes.

"Les costó un montón. Estuvimos tres meses para que una chica aprenda a girar. Fue mucho tiempo para entender el juego, es muy diferente. Muchos intentan jugar indoors en la arena, y no, porque son distintos", apunta Leticia Brunati, conductora de las mujeres de oro y para quien sus claves fueron "dedicación, esfuerzo, humildad y coraje".

El proceso arrancó hace cuatro años, y en el medio se hizo el cambio de estilos. Según los entrenadores, la propia Confederación apoyó la base para la conformación de ambas selecciones, a pesar de la posibilidad de disputar torneos de envergadura bajo techo.

Con la consecuente decisión, llegaron los premios, medallas panamericanas, mundiales y olímpicas para ambos equipos. Pero hubo momentos en los que no todo fue tan feliz.

"Entrenábamos en la cancha de Parque Sarmiento, que no tenía arena, y antes de cada práctica agarrábamos una pala para juntarla, armábamos los arcos, y después fuimos al Panamericano y salimos campeonas. El CeNARD hizo una cancha y entrenamos un montón, y dio sus frutos porque en el Mundial salimos terceras", recuerda Fiorella Corimberto, con el ánimo turbulento, feliz y entre lágrima, y con el oro colgado en el pecho.



"Nos toca ganar la medalla de bronce después de dos años y medio de entrenar de lunes a viernes pase lo que pase, concentrar, hacer campamentos, y estar instalados en el CeNARD durante diez meses. Ganaron la de bronce pero son de oro, porque estudiaron a distancia, dejaron familia, afectos, novias, hay que ponerse de gala con estos pibes", se emociona Zeballos, quien espera que sus dirigidos continúen en la Selección, aunque acepta que eso dependerá más de los dirigentes.

El beach handball posee su mayor estructura en la Patagonia, y con otras fuertes en Mendoza, Santa Fe y la Mesopotamia. Aunque ambos técnicos resaltan el sostenido apoyo de la dirigencia así como de la pata política, para Brunati todavía hay que potenciarlo a nivel local en el interior.

"Creemos que las federaciones regionales deben usar esto para impulsarlo localmente. Una vez que pase eso, vamos a crecer mucho más. Lo vamos a hacer, pero debimos hacerlo antes", argumenta la entrenadora del equipo dorado.

A partir de ahora, el handball de playa vivirá un pico de atención total. Zeballos confirmó que en Tokio 2020 será un deporte de exhibición, y la presencia de Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional en algunos partidos, hace creer que esto puede ir mucho más allá.

Los jugadores no dejan de ilusionarse, porque en definitiva, así comenzaron hace cuatro años. "Ver la medalla en nuestro cuello es una felicidad. Los esperábamos, y lo único que teníamos que hacer era soñar, y los soñamos y se nos cumplió. Hay algunas que van a seguir, otras que volverán al indoors. Quedará en cada una. Pero la historia ya la hicimos", cuenta Corimberto.

La jugadora número 5, una de las figuras del elenco nacional, confiesa que es una de las dos que todavía va al colegio. Belén Aizén concluirá este año, pero ella lo hará en 2019. El regreso a clases será una incógnita. "Que sea como sea, no quiero ni pensarlo. Voy a hacer mi vida igual, sólo que tengo una medalla colgada", expresa, mientras larga una bocanada de aire, liberando la presión y la alegría. Quizás muchos descubran el beach handball ahora, pero para ellas, su sueño comenzó hace mucho. Y lo hicieron dorado.

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