11 de noviembre 2008 - 00:00

La renuncia de Simeone no aleja los males de River

La última imagen de Diego Simeone en el banco de River.A pesar de la ovación final, nada pudo convencerlo de cambiarsu decisión.
La última imagen de Diego Simeone en el banco de River. A pesar de la ovación final, nada pudo convencerlo de cambiar su decisión.
Ni un año llegó a estar Diego Simeone al frente del primer equipo de River. A mediados de diciembre de 2007 fue presentado oficialmente como el nuevo entrenador.

Se intenta en muchos casos sintetizar que el fútbol es una trituradora de técnicos, que los resultados condicionan y hasta terminan interrumpiendo los proyectos a largo plazo y que, en instituciones como River, el no ganar un título por año ponen inmediatamente dentro del índice de desempleo al hombre de turno que arma el equipo.

Simeone se va y no cumple todos los requisitos para alejarse, si bien el presentó la renuncia, indeclinable según parece, en la ciudad de Guadalajara después de haber sido eliminado de la Sudamericana el jueves pasado frente a Chivas, sería una buena forma de análisis. Simeone fue campeón hace cinco meses, ganó el Clausura 2008 después de siete torneos locales sin dar una vuelta olímpica cuando en el Clausura 2004 se festejó de la mano de Leonardo Astrada, toda una institución en River que también tuvo que salirse de su puesto de técnico. El River versión Cholo jugó 45 partidos entre el fútbol autóctono y torneos internacionales: ganó 20, empató 13 y perdió los 12 restantes, lo cual habla de una efectividad de 54,07%, una aceptable campaña para cualquier técnico de esta época. Entonces, los números y lo logros no serían el único desencadenante. Claro que si miramos la otra mitad del vaso hay datos contundentes: River se encuentra último y acostumbrándose a estar en ese lugar desde hace semanas, no gana un partido en el torneo desde la segunda fecha cuando venció en el Monumental por 2 a 0 a Central que marcha anteúltimo y tardó 82 minutos para abrir el marcador aquella tarde.

Claro que hay datos que hablan a las claras que los dramas no se generan ni se terminan con la ida de Simeone. River aportó históricamente más que ningún otro club futbolistas a la Selección nacional. Al último Mundial de Alemania de 2006, la Selección de Pekerman no tenía un solo jugador que militase en el club, en el último Mundial Sub-20 que se jugó en Canadá en 2007 no hubo un solo juvenil que acompañase a Agüero, Maxi Moralez y Mauro Zárate que surgiese de Núñez. En el reciente Pekín 2008 Diego Buonanotte estuvo integrando el plantel sin haberse podido ganar un lugar en un plantel superpoblado de estrellas. En definitiva, las malas de River no pasan por los entrenadores. Hoy fue Simeone, pero ayer nomás fueron Passarella y Merlo y antes Astrada, Pellegrini y Ramón Díaz, todos con títulos ganados sobre sus espaldas enfundados en rojo y blanco. Parece ser el único fusible de recambio que encuentra la dirigencia de River para «solucionar» el conflicto del momento, sea cual fuese el conflicto, lo único que se cambia es el entrenador. Sin embargo la dirigencia, la que conduce José María Aguilar, no ha tenido un solo gesto de autocrítica ni mucho menos de declararse incompetente a la hora de tomar una decisión tan delicada como elegir o retener a un técnico. o quizás de ver, dentro de la conducción del club, la verdadera crisis de River.

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