3 de diciembre 2007 - 00:00

Lanús escribió la página más gloriosa de toda su historia

Lanús pudo consagrarse campeón del Torneo Apertura después de empatar en La Bombonera ante Boca. Aun perdiendo lo hubiera logrado porque Tigre perdió en La Paternal ante Argentinos Juniors por 1 a 0. Al torneo le faltan jugar siete partidos de la última fecha (que se adelantó parcialmente por el viaje de Boca al Mundial de Clubes) que se disputarán el próximo fin de semana. En cambio, el partido entre Arsenal y Gimnasia y Esgrima La Plata correspondientea esta jornada recién se podrá jugar el año próximo, después del receso veraniego. Tigre se aseguró el subcampeonato, y en la pelea por el tercer puesto hay tres candidatos: Boca, Independiente y Argentinos Juniors.

José Sandfesteja su gola boca llenamientras suscompañerosse pelean porabrazarlo.Lanús es unjusto campeóndel torneoApertura,donde fue elmejor.
José Sand festeja su gol a boca llena mientras sus compañeros se pelean por abrazarlo. Lanús es un justo campeón del torneo Apertura, donde fue el mejor.
Lanús fue un justo campeón. Un equipo armado desde la humildad de un técnico (Ramón Cabrero) que fue desvalorizado porque no tiene ni la edad, ni el «target» mediático de hacer declaraciones rimbombantes, y con jugadores surgidos de una de las mejores divisiones juveniles del fútbol argentino, mechados estratégicamente con algunos veteranos, como Bossio, Graieb y Ribonetto.

Lanús fue el mejor del torneo porque nunca renunció a jugar y desde la inteligencia para manejar la pelota de Diego Valeri y la tremenda contundencia de José Sand (15 goles en 15 partidos jugados) fue superior a todos sus rivales. Llegó a La Boca sabiendo que tenía el primer puesto asegurado y que necesitaba un empate para no depender de nadie; sin embargo, atacó desde el primer minuto buscando marcar el primer gol del partido, que llegó desde una fórmula repetida: la cabeza de Sand ante un centro de Valeri. Después reaccionó Boca, con más amor propio que fútbol, y volcó el juego a su favor encerrando a Lanús en su campo. Sin embargo, el equipo de Cabrero no renunció a atacar y desde la velocidad de Lautaro Acosta y Blanco fue edificando contraataques que hicieron que en situaciones de gol las cosas estuvieran parejas.

El equipo «mechado» entre titulares y suplentes que puso Russo tuvo a un Carlos Bueno que desperdició tres oportunidades muy claras hasta que Palermo consiguió el empate.

Después, los nervios superaron a la razón, y la inminencia de ganar el título (a esa altura Tigre perdía en La Paternal) hizo que el partido se trabara y hasta hubiera brusquedades que terminaron con la justa expulsión de Vargas.

Lanús se tranquilizó con un hombre más y volvió a «pensar el partido». Valeri apareció en todo su esplendor, y todos se unieron al toque y habilidad de un equipo que nunca renuncia a jugar, por lo que el final lo encontró sin sobresaltos.

Lanús hizo historia anotando su nombre por primera vez entre los campeones del fútbol argentino. Un premio muy merecido a un club que trabajó con responsabilidad, a un equipo que tuvo un estilo de juego generoso y a un técnico que supo ordenar a jugadores hábiles para jugaran en función de equipo.

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