El jugador, desesperado, señala el lugar donde le pegó la bala de goma. (Foto gentileza www.elliberal.com.ar).
El fútbol de Santiago del Estero no fue la excepción a la ola de violencia que vive ese deporte desde hace mucho tiempo. En el clásico entre Central Argentino y Sarmiento pasó de todo.
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Los orígenes de la locura y el descontrol tuvieron los mismos orígenes que siempre: los de no saber perder. Con el segundo gol de Sarmiento en tiempo adicional, que sellaba el marcador 2-0 a su favor, la hinchada local explotó y comenzó a arrojar todo tipo de objeto contundente a la cancha.
El árbitro decidió esperar y reunir a todos los jugadores en la mitad de cancha para ver si se calmaban los ánimos, pero no hubo caso. Los hinchas, adictos al protagonismo, no solo siguieron arrojando cosas sino que aumentaron la cantidad de elementos voladores.
Es por eso que intervino la Policía sin poder, en un principio, persuadirlos, lo que derivó en una hecatombe difícil de explicar. Gases lacrimógenos y balas de gomas comenzaron a volar por el aire.
Los futbolistas, nerviosos porque en las tribunas estaban sus familiares, intercedieron ante la Policía y también recibieron todo tipo de agresión. La situación se tornó insostenible y se convirtió en una verdadera batalla campal que dejó una decena de heridos entre los que se encuentran jugadores, hinchas y policías.
Una locura sin límites que, por más repetida que sea, sigue siendo inentendible a la vista de cualquier mortal.
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