La herencia de Maradona

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Contagió su amor por la pelota a millones de niños alrededor del planeta. Dejó un legado que durará en la vida de aquellos seres que se enamoraron del fútbol por haber visto a Maradona.

Es lo que nos retenía a nuestra infancia. Los resabios que quedaban de aquella época en la que toda una generación (la más 40) empezó a amar el fútbol, cuando veía esas piernas estilizadas y musculosas que Diego Maradona hacía volar en el césped de todos los estadios que tuvieran la dicha de recibirlo.

Maradona y su zurda, pero también su coraje y valentía, su rebeldía y audacia, fueron forjando un amor por el fútbol en los niños que comenzaban a verlo, que quedaban admirados por la devoción de sus mayores hacia el 10.

Jugaba Maradona, no entendían bien a qué, pero sabían que algo iba a brillar. Y entonces miraban y empezaban a entender, a sentir, a vivir, sin conocer que eso sería para toda la vida. A la generación +40 no la sorprendió Maradona (aunque eso suene imposible porque siempre tenía un as en la manga) porque ya era un jugador sólido, consagrado, a los chicos de esa época lo que les faltaba entender era el fútbol.

Ese que transpiraba Maradona, ese que contagiaba Maradona y por él, empezaron a patear una pelota y fue ahí cuando el amor se hizo invencible, para toda la vida. La herencia de Maradona fue amar al fútbol, algo que cada uno de nosotros nos llevaremos a la tumba.

Costó entender que jugar como Maradona era imposible, que había que disfrutarlo y agradecer que fuera nuestro, aunque jugara en otras ligas. Siempre dijo presente con la selección argentina y eso reforzó el vínculo. Hasta que un día tocó el cielo con las manos y nos lo hizo tocar a todos. Jugar como jugó y en un Mundial, parecía demencial. Los goles a los ingleses, tan distintos y tan iguales, la asistencia a Jorge Burruchaga en la final cuando nadie creía que fuera posible.

Ahí comenzó a mostrarnos una manera, a indicarnos un camino futbolístico. Todo era perfecto. Después fue a Napoli y les enseñó a los italianos, y al mundo en general, que siempre hay que luchar, que no había que “ir a perder por poco”, que el Norte podía ser vencido. Y logró, una vez más, lo imposible.

Diego Maradona
Diego Maradona murió y dejó el amor a la pelota como herencia para todos los amantes del fútbol.

Diego Maradona murió y dejó el amor a la pelota como herencia para todos los amantes del fútbol.

Hasta que tropezó. Y ahí enamoró más. Se humanizó. Cayó y se levantó infinitas veces. Contradictorio, contestatario y también buen compañero. Así fue Maradona. Mientras tanto, aquellos niños que crecieron viéndolo jugar ingresaron al mundo y se dieron cuenta de todas sus miserias y de lo difícil que es sobrellevarlas.

Pero si Maradona, siendo Maradona podía, ellos también. Y el fin de semana lo veían jugar y luego intentaban hacer lo mismo, o lo más parecido, a lo que le veían hacer en la cancha. Siempre lejos de lograrlo pero con la ilusión de alguna vez poder hacer algo similar en el torneo de barrio.

Sus idas y vueltas fueron siempre perdonadas porque la herencia que dejó brillará hasta el último día de sus vidas. El que mejor jugó el deporte que aman jugar. No hay vuelta atrás.

Maradona se fue a los 60 años y las raíces que unían con la infancia y aquellos momentos se cortaron. Sabiendo que los próximos seremos nosotros la nostalgia nos invade porque aunque este último Maradona no era aquel, seguía siendo el que nos inspiró a amar el fútbol.

Maradona no ha muerto siempre que haya alguien que ame jugar a la pelota.

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