Mónaco llegó a la final del ATP de Buenos Aires

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El tandilense Juan "Pico" Mónaco hizo gala hoy de su mejor actitud para superar al español Nicolás Almagro y meterse por primera vez en la final del ATP de Buenos Aires, que deberá definir mañana con el soprendente italiano Alessio Di Mauro.

Fue justamente el joven de Siracusa (número 98 del ránking mundial) quien acercó la mala noticia del día a la "legión argentina", al superar a Diego Hartfield (117 del mundo) por 6-1, 6-4, en el primer turno de semifinales.

En cambio, en el segundo encuentro, los astros fueron favorables al tenis vernáculo: "Pico" Mónaco (número 66 hasta el lunes próximo) se impuso con justicia por 6-1, 7-6 (3) ante Almagro (que ostenta el puesto 30 en el ránking), en poco más de una hora y veinte de partido.

El análisis previo, Mónaco aparece como el favorito para el encuentro definitorio de mañana frente a Di Mauro, no sólo por la diferencia en el escalafón global de tenistas, sino por lo demostrado por ambos durante la semana.

Además, el joven tandilense de 22 años será el encargado de "sacar la cara" por la "Legión Argentina", en un torneo de Buenos Aires que sufrió las prematuras eliminaciones y derserciones de sus principales figuras.

Sin David Nalbandian, José Acasuso, Guillermo Cañas, Agustín Calleri y Juan Ignacio Chela, las esperanzas de que el título quede "en casa" estarán ahora depositadas en manos de "Pico", quien contará -como viene ocurriendo a diario- con el respaldo del público.

Así fue hoy también, en un marco de calor agobiante tanto en las tribunas como dentro de la pista, al que Mónaco pudo sobreponerse para subir el penúltimo escalón hacia el trofeo.

El primer set fue un claro indicio de que los dioses soplarían a favor del tandilense: quebró en el segundo game y repitió en el sexto, para llevárselo por 6-1.

Ese número, no obstante, es ligeramente engañoso. Si bien Almagro no desplegó el tenis que exhibió, por ejemplo, contra Chela, tampoco puede decirse que Mónaco lo haya "borrado" del court en esa primera manga.

No eran tantas las diferencias sobre el polvo de ladrillo como aparentaban ser en el marcador y eso quedó aún más claro en el segundo set. Allí el hombre de Murcia terminó de ajustar algunas clavijas, recuperó su potente saque y, en cierto modo, también su furia, para disputar punto a punto el partido.

Tanto fue así que ninguno de los dos pudo quebrar el saque del otro. Incluso, al menos durante los primeros games, parecía que a Almagro se le hacía un poco más sencillo que a Mónaco, quien tuvo que levantar varios break points para conservar su servicio.

En ese sendero, el segundo set desembocó en el dramático tie break. Y fue entonces que el español sufrió las inclemencias de dos factores ajenos al juego: el calor (que parecía mermar su condición física) y el público (que, entre colorido y hostil, empezó a sacarlo de sus casillas).

En cambio, firme en su actitud ganadora, Mónaco siguió jugando a lo suyo -contestando golpe por golpe, buscando el revés del adversario, lastimando con su saque- y consiguió doblegar al español en los puntos claves para finalmente quedarse con el tie break por 7-3.

Cuando la devolución de Almagro al último saque de Mónaco picó fuera de la cancha, el tandilense levantó los brazos, con toda la ilusión puesta en la segunda final de su carrera (perdió en 2005, en Casablanca, frente a Mariano Puerta).

Enfrente estará Di Mauro que despachó al otro "Gato", a Hartfield, por 6-1, 6-4 y se convirtió en la sorpresa del torneo. Hartfield, por su parte, fue una sombra del jugador que había recorrido un interesante camino hasta las semifinales.

Antes de iniciar su camino en Buenos Aires, Di Mauro había ganado sólo un partido oficial de torneos ATP y ahora se juega la posibilidad de ganar un título.

No le será sencillo. Enfrente estará Mónaco y ese Buenos Aires Lawn Tennis repleto que grita: "Pico, Pico, Pico, huevo, huevo, huevo".

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