9 de octubre 2009 - 16:54

Palermo mundial

Salvador. Martín Palermo ya convirtió el segundo a los 92 y lo grita con el alma.
Salvador. Martín Palermo ya convirtió el segundo a los 92 y lo grita con el alma.
Está en nuestra génesis el sufrimiento. Mucho más en lo deportivo, ni hablar en lo futbolístico y el escenario donde sale a relucir en su máxima expresión el nudo en el estómago es durante las Eliminatorias. Fue, es y será siempre así. Argentina ganó, apenas mejoró mínimamente su nivel técnico pero renovó la esperanza, por la carambola de resultados, por el triunfo, pero por encima de todo, por la aparición del muchachito de la película, que a los 35 años sigue reinventándose, con una virtud superior, al puñado de virtudes que tiene, hacer EL gol. El de los dos píes juntos, el de la rodilla rota, el de cabeza de 35 metros o el que clasifique a Argentina al Mundial.

La cantidad de camisetas rojas y blancas que se amontonaban en una de las mitades del campo de juego, preveían algo inmediatamente del comienzo, Perú tenía como objetivo aguantar el mayor tiempo posible el cero en su arco, para contrarrestar esto la Selección Argentina debía tener paciencia, apostar al pase corto y a la superioridad en el uno contra uno y a dar muestras de precisión, sobretodo, en los últimos 20 metros. Obvio que el reloj no era amigo, que el tiempo era un rival ineludible y que el murmullo bajaba a medida que los minutos pasaban y que el equipo, con la imprecisión como marca registrada en estos últimos partidos de Eliminatorias, a pesar que en este partido Aimar (muy flojo lo de Pablito) y Messi estaban en cancha. En esa abulia futbolística, lo mejor de los primeros 45 minutos lo mostró Ángel Di María por izquierda, desbordando, pidiéndola en los momentos donde no todos mostraban coraje para tener en el pie y mostrándose como la carta ofensiva más importante ante la rígida línea defensiva peruana, por sus encuentros con Higuaín y por estar presente en las mejores situaciones que creó en la primera mitad. También Jonás, por su dinámica sin igual hacía diferencias por el otro sector, sustentado por el empuje de Javier Mascherano, con fallas, pero contagiando por su entrega y espíritu de capitán.

El entretiempo sirvió para que Enzo Pérez le deje su lugar al rubio de camiseta número 18 y al instante nomás, la habilitación de Aimar desde la posición de ocho para Higuaín y la definición made in Real Madrid para poner el 1 a 0, que en cualquier equipo del mundo vendría con la tranquilidad bajo el brazo, pero en este equipo versión Maradona, no alcanza ni siquiera para encontrarse con una mejora futbolística. Así fue como Sergio Romero, dio muestras de arquero de Selección, cuando le tapó el mano a mano a Fano, en la primera jugada de peligro que puso a un peruano en posición de gol. Sin ideas, con evidente muestras de sufrir el miedo escénico y conformándose con la diferencia de un gol, Argentina comenzó a sufrir hasta que en el minuto 90 la pelota cayó cerca de la humanidad de Rengifo para que ponga el 1 a 1. Llovido sobre mojado, a esa altura el diluvio ponía un marco aún más dramático para un final que nos tenía guardado la aparición del muchachito de la película. Córner en el cuarto minuto de descuento, el rebote cayó en el botín izquierdo de Pocho Insúa (entró por Aimar) y el buscapie buscó el pie que más deseaba encontrar. La lluvia, la angustia y la emoción de seguir con vida en las Eliminatorias hicieron que todo se volviera confuso. Gol igual, era el 2 a 1. ¿Quién lo habrá hecho?. ¿Él mismo de siempre?

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