5 de septiembre 2009 - 16:53

Perdió Argentina y llenó de dudas su camino a Sudáfrica

Desazón. Maradona consuela a Messi y busca explicaciones en su mente.
Desazón. Maradona consuela a Messi y busca explicaciones en su mente.
Escribe Mario Cordo. Alcanzaron 45 segundos para ilusionarse y un par de distracciones, graves, de esas que dejan a un equipo mirándose con cara de "y ahora que hacemos" para caer de cara a la lona.

Arrancó como un tifón, con más de una decena de toques, sin que ningún brasileño pueda tocar el balón y con Tévez desperdiciando la primera oportunidad de Argentina. Desde ahí el equipo manejó, se hizo dueño del balón y el terreno, pero no llegaba a crear tantas situaciones para preocupar a Julio César. A pesar que a los 11 hizo vista ante el zurdazo alto de Messi que buscaba ángulo luego de una buena combinación de toques. La Selección era más, porque Heinze con sus escalas obligaba a Elano a correr más que a jugar y Maxi por derecha transformaba a Robinho en un volante defensivo por su sector. Pero, siempre hay un pero.

El mundo del futbol sabe que si hay una pelota a favor de Brasil Luisao (1,94) es un factor de riesgo. Menos la defensa argentina. El central cabeceó tan solo que hasta él mismo se sorprendió. 1 a 0 abajo y el equipo no dio la más mínima muestra de recuperación de semejante golpe. Tanto es así, que con la misma fórmula, desde un tiro libre, en su segunda llegada al área de Andujar, Brasil encontró el segundo gol por el oportunismo de Luis Fabiano, destapando las desconcentraciones de la defensa con Sebastián Domínguez en un nivel alejado al que exige ponerse la camiseta celeste y blanca. Hubo más, antes del descanso, Andujar (no tuvo una gran noche el arquero) salvó el tercer cabezazo consecutivo de un jugador brasileño en nuestro área.

Los dos goles abajo, obligó a echar mano al cambio de Agüero (nunca en el primer nivel que muestra en Atlético de Madrid) por Maxi y pasar a jugar con tres delanteros netos. En el intento por descontar Argentina caía en individualismos excesivos, donde Messi se desdibujaba en su imagen de ser la principal carta ofensiva del equipo para terminar cayendo en el capricho de pasar por el medio de una maraña de defensores de camiseta amarilla. Llegó el monumental zurdazo de Dátolo para descontar pero la esperanza duro un suspiro. El pelotazo largo para Luis Fabiano que en el mano a mano con Andujar dio clase de cómo se debe definir ante un arquero que tardó demasiado en salir a achicar.

La clasificación mundialista de Brasil en suelo argentino termina siendo lo menos doloroso de una noche fatídica, que le significó a la Selección perder un partido por Eliminatorias luego de 16 años, desde aquel negro 5 de septiembre de los cinco goles de Colombia. El equipo debe ganar en Asunción para seguir dependiendo de sí mismo en sólo un par de días y olvidar la falta de reacción futbolística que tuvo en la noche rosarina parece una tarea titánica. 

La falta de explicaciones serias al cambio de escenario, los análisis previos del temible juego aéreo de Brasil (se supone que para eso se convocó a Schiavi y a Palermo, este último ni siquiera fue al banco) serán algunos de los temas que ya no tienen tanto valor. Argentina tiene y debe clasificar al Mundial, pero las fallas que mostró en Rosario no hace más que desnudar las falencias de un equipo que noventa minutos no escuchó ni vio a su entrenador dar una sola indicación desde afuera del campo de juego.

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