Racing quedó en el camino de esta ronda de Copa Libertadores por penales, en un partido que comenzó tibio y terminó con alta temperatura. Cuando tanto los jugadores argentinos como los del América se dieron cuenta de que éste era un partido decisivo, el juego se hizo friccionado. De poco le servirá a Racing, y a la historia, señalar que estuvo más cerca del triunfo que los colombianos, tampoco que dejó pasar inmejorables situaciones para convertir y que -por puntos-cosechó los mejores aplausos.
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América -como podía presuponerse-se plantó ante Racing distribuyendo toda su gente en el mediocampo. Un poco para romper la salida y, otro tanto, tratando de cortar los circuitos que intentaban imponer Bedoya, Peralta y Mariano González para explotar la movilidad de Milito y de Rueda (perdió tres situaciones claras para convertir) con el auxilio de Romero.
Los colombianos se mantuvieron en sus consignas: vehemencia, juego friccionado, cortado, de poco vuelo, que le daba certezas con el correr de los minutos y la concreción de un empate que llevaba a los penales.
Lo mejor de Racing fue cuando desde mediocampo hacia arriba fue encontrando espacios para maniobrar. Si le faltó algo para desequilibrar fue algo de serenidad y «ponerle un poco de tiza al taco». El apuro no es buen consejero y fue lo que invadió a Racing en la misma medida que le fue dando solidez a la estructura del América que hasta ahí se había sustentado en el juego de Bustos atrás y Ferreira en el medio. Lo demás no sirve para el análisis.
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