Hasta la semana pasada en River se jactaban de estar viviendo en Aruba, por que el clima era festivo si se lo comparaba con la realidad por la que estaba atravesando su clásico rival, Boca, el cual se debatía en peleas internas, volviendo al clásico «cabaret». Pero, luego del superclásico del domingo, la tranquilidad cambió de dueño y, River pasó de estar veraneando en Aruba, a padecer un viaje por el Triángulo de las Bermudas.
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Ahora las peleas internas cambiaron de vereda. River perdió ante Boca y el técnico Diego Simeone ni pasó por el vestuario para hablar con los jugadores, para levantarles el ánimo pensando que mañana debe jugar por la Sudamericana ante Chivas. Se pensó que iba a hacerlo ayer, cuando el plantel retomara los entrenamiento, pero eso tampoco ocurrió.
Simeone fue el primero en llegar al predio de Ezeiza y tras un breve diálogo con sus colaboradores se dedicó a repasar distintas actuaciones del conjunto azteca.
En medio de este panorama, el plantel se entrenó en Ezeiza y hoy quedará concentrado en una serie que será decisiva para su continuidad. Pocas palabras, muchas caras largas y una mínima reunión entre los integrantes del cuerpo técnico marcaron una jornada atípica pero previsible.
Hoy habrá una nueva práctica y luego será la concentración de cara al inicio del duelo ante Chivas de Guadalajara, por la Copa Sudamericana. En las próximas horas Simeone comenzará a definir el equipo y la única garantía es la presencia del uruguayo Sebastián Abreu, contratado especialmente para la Sudamericana, el resto es todo una incógnita ya que jugarán «los que entiendan el momento», según las palabras que pronunció el técnico tras la derrota.
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