Sebastián Báez se retira cabizbajo de su partido de segunda ronda del Argentina Open. Acaba de perder ante el italiano Lorenzo Sonego, tercer favorito. La derrota molesta. Pero el Court Central Guillermo Vilas, repleto, se desarma en aplausos y gritos de aliento, porque el marcador quedó a un lado. La actitud, la perseverancia, lo llevó a dar un espectáculo y generar entusiasmo, y el público se lo reconoce. Los resultados, que ya empiezan a llegar con más frecuencia, son una consecuencia lógica del esfuerzo diario.
Argentina Open: Sebastián Báez y un presente que enamora al tenis argentino
El bonaerense, de gran 2021, cayó ante Sonego pero se ganó la admiración del público nacional por su entrega. "El mayor triunfo es la evolución", le dijo a Ámbito.
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Sebastián Báez no pudo avanzar en el Argentina Open, pero conquistó al público con una actuación llena de entusiasmo.
Nacido en San Martín el 28 de diciembre de 2000, Báez protagonizó una temporada 2021 con un abultado saldo a favor: seis títulos Challengers, su primer triunfo a nivel ATP, las semifinales de la NextGen Finals -el masters para los mejores Sub 21 del mundo- y su ingreso al Top 100 luego de haber comenzado el año en el puesto 308. Todo eso lo llevó a una mayor exposición mediática que lo puso en el primer plano del tenis argentino.
La semana pasada alcanzó por primera vez los cuartos de final de un torneo del circuito mayor, en Córdoba. “Fue una buena semana, con sensaciones amargas por la derrota”, le reconoce a Ámbito en los pasillos del BALTC, en un impasse de sus entrenamientos para el campeonato porteño, donde fue invitado por primera vez.
El actual 74 del ranking mundial es un producto genuino de la gestión de Daniel Orsanic al frente del área de Desarrollo de la AAT, lugar que ocupó desde 2014 hasta 2018, cuando fue despedido por la actual conducción y reemplazado por Franco Squillari. Desde muy chico mostró cualidades por encima de la media, y a los 14 años ganó el tradicional Orange Bowl, la cita más importante para los juveniles, en la categoría Sub 16. No es de extrañar que en 2018 llegara al N°1 del mundo junior. Semanas después llegó la final en Roland Garros y el oro olímpico de la Juventus en dobles junto a Facundo Díaz Acosta.
Pero, aunque los resultados pueden confundir, Báez tiene en claro que el secreto reside en una tríada innegociable: “orden, inteligencia y esfuerzo”, promulga. Incluso en tiempos de encierro global y charlas virtuales. “Cada paso que se fue dando era algo que se planificaba. No tanto por los triunfos, sino en decir ‘bueno, mejoramos esto’”, elabora.
“Si ese mejorar trae victorias, buenísimo, pero el mayor triunfo es la evolución, porque te va dando el nivel y el éxito más adelante. Si hacés las cosas bien, el resto viene solo”, indica sin perder el foco.
La pandemia de Covid-19, como al resto de la humanidad, lo puso a prueba. Sin poder entrenar como estaba acostumbrando, debía buscar una alternativa. Pero además trajo aparejado el congelamiento de todos los rankings. Con el regreso de la actividad, los que perdieran no iban a bajar, y los que ganaran no podrían subir tanto como los puntos lo demandaban.
Sin embargo, Báez no se quedó con el reposo del lamento y puso en marcha la maquinaria con rapidez. Se adaptó un gimnasio en su casa y junto a su coach Sebastián Gutiérrez dialogaban vía Zoom para analizar partidos, rivales, estrategias y técnicas.
Lo que para algunos derivó en frustración y bronca contenida, para el equipo del bonaerense se convirtió en la posibilidad de profundizar aspectos emocionales y mentales. “Aprendí a salir con otra cabeza a las competiciones que recién habían abierto, porque el tenis es nada comparado a algo mundial como la pandemia”, evoca hoy.
El Covid-19 volvió a jugarle una mala pasada durante 2021. El 13 de julio, un día después de ganar su primer partido ATP en el torneo de Hamburgo, anunció que estaba aislado: “Mi resultado de PCR de hoy dio positivo. Esta noticia me puso muy triste porque tenía grandes expectativas, pero gracias a Dios no tengo ningún síntoma, me siento bien. Sé que con la contención de mi equipo, de mi familia y de mis amigos voy a poder salir delante de este duro momento que me toca atravesar. Sé que el camino es largo y que el año próximo voy a volver mucho más fuerte que este”.
Eso no lo frenó y tras casi un mes y medio de recuperación plena, acumuló trofeos del circuito challenger, en especial el de Buenos Aires. ¿Su premio? Clasificar a las NextGen Finals de Milán, donde obtuvo dos triunfos y llegó a semifinales, pese a casi no tener experiencia en canchas dudas bajo techo. Valga como dato que de los ocho jugadores del torneo, fue el único que no recibió wild cards a los certámenes ATP de la temporada.
El apellido Gutiérrez no es uno más en el tenis nacional. Sebastián, hermano de Diego -exdirector ejecutivo de la AAT-, fue uno de los colaboradores más cercanos en el cuerpo técnico de Orsanic y Mariano Hood, capitanes de Copa Davis. Y para Báez su coach cumple una función que trasciende lo deportivo.
“Seba me miraba tomar gaseosa de chico y me retaba: ‘No tenés que tomar Coca’. Para mí es todo, no podría estar acá sin él. A veces no quiero que haya otra persona al lado que él”, comentaba tras ganar el Challenger de Buenos Aires. Ambos forjaron una relación entrañable que repercute no sólo en lo deportivo. Para el tenista, “la profesión y la persona van de la mano”.
“Es el hecho de enseñarme y ordenarme en un montón de cosas, algunas pequeñas, como la gaseosa, que no te va a repercutir tanto en el juego, pero sí es el hecho de aprender a nivel personal que eso estaba mal, mejor tomar agua porque es más sano. Compartimos hace muchos años, y desde el comienzo fue diferente, porque tenemos una química increíble”, explica.
En 2018, Báez le contaba a este medio cuánto significaba para él representar al país en las competencias por equipo. “Me encanta jugar con la camiseta argentina”, decía, luego de haber disputado la Copa Davis junior 2016 y los Juegos Odesur de la Juventud 2017. Días después era una de las figuras de la delegación albiceleste en los Juegos Olímpicos juveniles de Buenos Aires.
Tras un 2021 en el que demostró un nivel de competencia excelso y los resultados acompañaron a su constante evolución, este año llegó el premio con el que todo tenista sueña: ser parte del equipo de Copa Davis. Guillermo Coria, capitán nacional, lo incluyó junto a Diego Schwartzman, Federico Delbonis, Máximo González y Horacio Zeballos para enfrentar en marzo a República Checa por los Qualifiers.
“Me alegró mucho, pero también es una responsabilidad enorme”, analiza. “Voy a estar a disposición, juegue o no”, promete Báez, porque la conformación de equipos, pese al intrínseco carácter individualista del tenis, no le es ajena. “Tengo la suerte que Seba formó parte de la selección que salió campeona, entonces me crió con ese espíritu de grupo que siempre fue algo muy bueno y por eso se ganó la Davis”, cierra. Quizás sea el primero de muchos pasos en una carrera que avanza con movimientos calculados y sin prisas.


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