7 de julio 2003 - 00:00

Un melancólico festejo de River

Un melancólico festejo de River
Fue una extraña fiesta. Por un lado, mucho colorido para celebrar la obtención del campeonato, pero por el otro, la despedida del fútbol del «jefe» Leonardo Astrada, en el momento más dramático de su vida, y el adiós de Martín Demichelis, que se va al Bayern Munich, le pusieron un toque de melancolía al que ayudó también Racing, derrotando al campeón en su propia cancha y haciendo el papel de « aguafiestas».

Más de 60 mil personas fueron a la cancha para mostrar su felicidad por el campeonato obtenido. Banderas, papelitos blancos y hasta bengalas de color rojo sirvieron como testimonio de esa manifestación.

Pero el secuestro de Rubén Astrada extrañamente fue una de las causales que empañaron el festejo, porque los jugadores de River dieron la vuelta olímpica con una leyenda en su camiseta que decía «fuerza Leo», tal vez sin pensar que el jugador iba a pisar por última vez el campo de juego de River en su carrera profesional. Antes de comenzar el partido hubo un minuto de silencio «por las víctimas de la violencia» y Astrada cuando se retiró de la cancha (a los 12 minutos) se puso una camiseta con otra frase estampada: «Papá te estamos esperando».

Una situación que enfrió el motivo principal de la fiesta y le dio al ya tono melancólico que tienen las despedidas un toque de dramatismo por el momento vivido por el jugador.

En la cancha, el equipo tampoco contagiaba. Jugaba sin comprometerse, como si fuera un partido amistoso, y le regalaba la pelota a un Racing que con el buen trabajo de Sebastián Romero y Milovan Mirosevic aprovechó la circunstancia para terminar ganando con toda justicia después de 12 partidos sin lograrlo.

Por eso, el partido que era parte del festejo terminó siendo una pesadilla porque aunque River en el segundo tiempo trató de concentrarse y hasta logró descontar con un gol de Cavenaghi, Racing estaba muy firme y no permitía que le comprometieran el partido.

Es más, el momento más emocionante, después de la salida de Astrada que será inolvidable, fue el reemplazo de Martín Demichelis, que se retiró tras una ovación de los cuatro costados y hasta se encendieron bengalas como homenaje-River. El final del partido fue un alivio para un público que quería festejar de cualquier manera. Y ahí sí pudieron sacarse el gusto, mostrando todo el colorido y la alegría que habían traído para compartir la felicidad de ser otra vez campeones. Terminó la melancolía y comenzó la alegría pura, ésa que sólo brindan las cosas pasionales como el fútbol.

En verdad, lo que prepararon los organizadores, finalmente no se pudo comparar con lo que transmitió la gente desde las graderías.

Esta vez la frase hecha de aquel viejo relator se hizo realidad: «La fiesta estuvo en las tribunas», aunque en la cancha contagiaban melancolía.

Dejá tu comentario

Te puede interesar