10 de febrero 2002 - 00:00

Vélez goleó a Independiente en Avellaneda

Independiente tuvo esta tarde un flojo debut en el torneo Clausura y repitió su costumbre de perder con Vélez Sarsfield en Avellaneda, en esta ocasión por 3-0, marcador que prolonga una serie de 13 años sin triunfos como local ante el equipo de Liniers.

El saldo más preocupante para la gente de Independiente no fue, sin embargo, el referido al resultado sino aquel vinculado a un juego empobrecido que deberá mejorar y mucho de cara al futuro, que le depara nada menos que a Racing Club como próximo rival. Vélez, que tampoco juega bien, tiene a los números como aliado y eso le brinda tranquilidad a su gente pero sabe que tiene que acompañar su buen andar con un funcionamiento protagónico despojado del vicio de la especulación.

Esta tarde el equipo de Liniers supo aprovechar el desconcierto de Independiente y, con eso, le alcanzó para golearlo con tantos de Eduardo Domínguez, Leandro Gracián -en el primer tiempo- y el peruano Martín Hidalgo, en el segundo período.

Como lo hizo en México días atrás ante Morelia, el conjunto de Edgardo Bauza asumió una actitud pasiva, se refugió en su campo y le entregó peligrosamente la iniciativa al local.

Claro que la inoperancia ofensiva de Independiente contribuyó para que la visita no pasara zozobra y dejara correr el tiempo hasta poder dar el primer golpe de contraataque.

Y ello ocurrió a los 26 minutos con un furibundo remate de Domínguez que sorprendió a Rocha, después de la primera jugada asociada de Vélez.

La apertura del marcador atormentó a los dirigidos por Néstor Clausen y descalabró el rendimiento colectivo que había intentado sobreponer en el primer pasaje del partido.

El "rojo" se transformó en una suma de voluntades individuales con más ganas que ideas y Vélez lo capitalizó porque en su segundo avance aumentó la distancia con el tanto de Gracián.

Clausen dispuso el ingreso de Rivas y Prieto para darle lucidez al juego pero Independiente volvió a fallar y jamás puso en riesgo la victoria de su adversario.

Vélez regulaba, jugaba al ritmo que imponía Domínguez, su mejor jugador, y advertía que llegar hasta Rocha era sencillo porque la defensa rival otorgaba grandes comodidades.

A los 26' de decidió y lo liquidó. Domínguez envió un centro desde el costado derecho e Hidalgo, en el segundo palo, venció al arquero.

El equipo de Liniers pudo convertir el cuarto, lo cual hubiese desatado un caos en la cancha porque después del tercero los hinchas de Independiente comenzaron a arrojar proyectiles y a insultar a sus jugadores.

La gente, mediante una vía repudiable, solicitaba que su equipo tuviera identidad, algo que parece haber perdido el equipo después del romance de verano que tuvo con el futbol durante la pretemporada.

Es que dos derrotas seguidas de local por 3 a 0 (al anterior con Banfield), no son fáciles de digerir, y mucho más cuando el año recién está empezando y las ilusiones todavía están vívidas a flor de piel.

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