A la esposa de Chacho no le gusta el gobierno
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P.: ¿Y qué va a hacer el Frepaso frente a esto?
L.C.: El Frepaso manifestó su posición pública: continúa en la Alianza y en el gobierno. La incomodidad que yo manifiesto es personal. En un momento como éste, en el que no todas las decisiones son consensuadas, también caben posiciones personales. En cuanto al partido, el Frepaso espera y desea que el rumbo económico que se termine definiendo contemple finalmente un compromiso con la base popular que votó a la Alianza. Espero que se tenga la voluntad política suficiente.
P.: Honestamente, ¿cree que De la Rúa tiene esa voluntad política?
L.C.: (No muy convencida.) Esperemos que la tenga. Y que también tenga dureza con los sectores que, desde una posición de poder, se dedican a extorsionar, a producir golpes de mercado...
P.: ¿A qué sectores se refiere, exactamente?
L.C.: A los que llamamos elípticamente «los mercados», «los operadores financieros», «el establishment», etc., etc. Estos señores que finalmente terminan convirtiéndose en piqueteros. Porque acá hay dos clases de piqueteros: los que piden pan y trabajo, y los que defienden sus negocios y sus intereses. Estos señores no pueden definir el rumbo de un gobierno elegido por el voto popular.
P.: El estilo del Presidente exaspera a muchos en la Alianza, ¿es su caso?
L.C.: No sé si es necesario un análisis sobre la personalidad del Presidente.
P.: No es una pregunta personal sobre De la Rúa, sino política.
L.C.: Es cierto que hay ocasiones en que esa falta de decisión rápida y firme ha resentido la resolución de un problema concreto. Por ejemplo, en el tema del Senado, en el que no hubo una decisión presidencial fuerte sobre la investigación de los sobornos. Hay muchos ejemplos. La Tablada fue otro caso, donde la falta de una definición hizo acumular crisis sobre crisis.
P.: Cuando Chacho renunció, usted lo apoyó. ¿Cree que fue la actitud correcta? ¿Nunca se arrepintió de haberlo alentado?
L.C.: No, porque era una situación casi sin salida en ese momento. Quizás uno puede pensar en lo que se podía haber hecho antes. Chacho hizo un enorme esfuerzo por hablar con el Presidente, pero al no lograr un apoyo más contundente en la investigación sobre el Senado, y al producirse un cambio de gabinete que pretendía ponerle un velo a esa situación, no tuvo otra alternativa. Ambos lo entendimos así. Creo que fue doloroso, pero necesario.
P.: Es decir que Chacho nunca se arrepintió de haberse ido, ni usted de haberlo apoyado.
L.C.: No.
P.: La percepción de mucha gente, sin embargo, es la opuesta. Muchos que apoyaron en un principio la actitud de Chacho terminaron evaluando como un error su alejamiento como vice, porque creen que no sirvió.
L.C.: Sí, a la gente le hubiera gustado que Chacho siguiera adentro de la Alianza... (sic), digo... del gobierno como vicepresidente, y al mismo tiempo que hubiera generado una discusión. Pero Chacho evaluó que eso podía generar una situación de mucha crisis institucional. Era inimaginable una situación de tensión permanente con el Presidente. Lo hizo, quizá, para facilitar las cosas en la Alianza.
P.: Con la perspectiva que da el tiempo, ¿fue un error no haber esperado unos años y preservar al Frepaso para que llegue al gobierno, sin necesidad de una alianza?
L.C.: Eso siempre estuvo en el debate, y yo personalmente siempre apoyé esa teoría, la de una construcción más lenta. Me preguntaba por qué nosotros teníamos que hacernos cargo de este país, si todavía no podíamos. Me inclinaba por una construcción más lenta. Pero aun así, con esas dudas, apoyé fervientemente la construcción de la Alianza en su momento. Ahora, sin embargo, creo que falta ese balance, y que el Frepaso debe hacerlo.




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