Hay veces en que es difícil encontrar alguna forma de consuelo. Y no es que la jornada fuera especialmente dramática, ya que el Dow tuvo una merma de 1,21%, cerrando en 9.981,58 puntos, en tanto que el NASDAQ perdía un más acotado 0,56%. Tal vez, lo peor es que el mercado hizo oídos totalmente sordos a un cúmulo de buenas noticias, que fueron desde el incremento en la confianza de los consumidores, pasando por un número sorprendente de ventas de casas usadas, para terminar con el informe del ingreso personal. Incluso, los pocos reportes sobre las empresas cotizantes fueron en su mayoría positivos, especialmente los del sector de los semiconductores. Sin embargo, el mercado arrancó del lado perdedor y siguió de esa manera durante toda la jornada (para ser sinceros, hay que reconocer que los papeles tecnológicos tuvieron un atisbo de recuperación en la última hora). No es que no hubiera sectores que terminaron en alza, los hubo: equipos de semiconductores, aerolíneas, basura, defensa, biotecnología, servicios petroleros, oro. Pero la conclusión es casi la misma que la esbozada hace una semana: que el poco interés de los inversores (apenas se operaron 960 millones de papeles en el NYSE y 1.300 en el NASDAQ) se vuelque a este grupo sólo habla de guerras y presiones inflacionarias. Por si esto no alcanzara, fue notorio el desplazamiento de los inversores, no a los bonos del Tesoro (que terminaron con un comportamiento mixto prefiriéndose los de más corto plazo), como suele ocurrir muchas veces, sino hacia el efectivo contante y sonante. Tradicionalmente, ésta suele ser una buena semana para posicionarse en acciones; en los últimos 18 años, los cuatro días siguientes al Memorial Day terminaron en alza en 14 oportunidades. Por ahora, parece difícil que se repita.
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