16 de enero 2003 - 00:00

Alberto Grimoldi: "Exportar no es para cualquier empresa" (16/01/03)

" Exportar es un negocio totalmente diferente a vender en el país: para eso hace falta hacer una planta especial, en la que se fabriquen tres o cuatro modelos, y de una o dos marcas. Nosotros apostamos al mercado interno, y nos está yendo bien, porque la Argentina no está para ser un exportador de zapatos masivos".

Después de un año que comenzó catastrófico pero que termina con buenas noticias, Alberto Grimoldi (padre) admite que las cosas hoy «pintan mejor que hace doce meses, pero veremos si el veranito dura cuando tengamos que empezar a pagar la deuda».

Grimoldi
, en tanto, cierra 2002 con una facturación en pesos que es el doble de la de 2001, pero que termina «empatada» en el número de pares vendidos. De todos modos, el panorama -por una recuperación del consumo y la llegada de turistas-les permitió dar dos pasos que Alberto Grimoldi (h), CFO de la empresa familiar, considera cruciales para el futuro inmediato:

«Acabamos de firmar la renegociación de nuestra deuda con los bancos acreedores, lo que nos permitirá no tener que apelar al concurso preventivo. Y nos lanzamos a competir en el mercado no sólo del calzado sino también de la indumentaria deportiva con la marca estadounidense Merrell, con la que renovamos el convenio de licencia.»


Hasta hace un año Grimoldi importaba 60% de lo que vendía y fabricaba 40% en el país. Hoy, según Alberto (h), «estamos fabricando casi todo acá, salvo algún calzado deportivo de alta tecnología, cuyas ventas no permitirían amortizar las matrices, por ejemplo».

Grimoldi hace una década dejó de vender zapatos con su marca propia, pero conservó el nombre como «paraguas» para comercializar Hush Puppies, Timberland, Ladybug, CAT y Kickers. Según el gerente financiero, «Hush Puppies representa 40% de nuestras ventas». Por eso era crucial renovar las licencias de esa marca, junto con CAT y Merrell, con la estadouni-dense Wolverine. La empresa de Michigan, a pesar de la dura crisis que atraviesa el país, decidió seguir haciendo negocios en la Argentina con los Grimoldi. «Y además aceptaron que lance-mos una línea de indumentaria deportiva con la marca Merrell. Será la primera en el mundo, porque ellos tenían el proyecto de hacerlo, pero recién en 2004», dice Alberto (h).

Su padre admite que «exportar no está en nuestros planes inmediatos, por lo que le expliqué antes. Pero sería interesante que la Argentina se constituyera como un polo de diseño y alta calidad, para no transformarse apenas en un país-facto-ría. El modelo a seguir es Italia, que con salarios diez o veinte veces más altos que los nuestros vende a todo el mundo.
¿Cuál sería nuestro mercado? Sin dudas Estados Unidos».

La posibilidad de ingresar en el negocio de la ropa deportiva está fogoneada por la desaparición de nombres importantes (New Balance, por caso) o las dificultades que enfrentan Adidas (que ya no tiene a Gatic como fabricante) o Reebok (que aún no define su futuro, en manos de un fondo-buitre). «Con Merrell, por primera vez, entramos en las casas de deportes, un mundo que para nosotros es desconocido.» Por ahora sólo acordaron con Stock Center y Show Sport, y están buscando «las cadenas grandes en el interior».

Dado que otras grandes empresas del sector pidieron su concurso preventivo, en algún momento hubo rumores de que
Grimoldi haría lo propio. Sin embargo, renegociaron con sus acreedores y acaban de acordar con bancos y proveedores. De Wolverine, por caso, lograron un año de gracia por royalties atrasados, y comenzar a repagar en 36 cuotas, sin quita, a partir de enero próximo. A los bancos, dice Alberto (h) «les debíamos u$s 11 millones, que se pesificaron 1 a 1 más CER, por lo que la deuda es ahora de $ 16 millones. El acuerdo (el acreedor principal es el Banco Río) prevé que se va pagando progresivamente el capital desde junio, y se termina con un pago de 40% de la deuda en 2006, a 7% más CER anual. Ya firmaron el Río, el Sudameris, el Nación, y estamos cerca de hacerlo con el Citi, el Provincia y la BNL».

Alberto padre explica por qué la hípercrisis los tomó mejor parados que a otros: «Yo vi que se venía una situación complicadísima (usa un término mucho más gráfico), y ordené reducir toda la deuda que se pudiera. En 2001 debíamos u$s 27 millones, bajamos a u$s 11 millones y me hubiera gustado que fuera aún menos. Cuando el turismo y la falta de oferta de otras marcas hizo subir nuestras ventas, estábamos preparados: hoy estamos trabajando a 100% de nuestra capacidad instalada.»

Su hijo dice que «30% de nuestra producción está tercerizada, y en muchos casos tuvimos que dar capital de trabajo a nuestros proveedores, que no tienen acceso al crédito».

También adelanta que están a punto de cerrar un convenio de fabricación de calzado infantil vulcanizado con
Alpargatas, con la marca Kickers. «Pero también trataremos de imponer esa marca en el mercado de jóvenes adultos, tal como hizo Pentland, la casa matriz en Gran Bretaña. Sabemos que no será sencillo, pero nos tenemos fe.»

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