30 de diciembre 2003 - 00:00

¿Año nuevo, fisco nuevo?

Una de las metas más firmes que se ha propuesto el gobierno del residente Kirchner es tratar de que en el año 2004 no baje el nivel de recuperación que la Argentina ha presentado en el año 2003 respecto de 2002. Más allá del acierto o desacierto de las medidas de gobierno en tal sentido, lo que queda claro es que ello no será posible sin un nivel importante de inversión extranjera, y una recuperación en materia de recaudación impositiva a valores reales.

Parecería que ambos temas preocupan al Presidente, y algo respecto de ellos deberá mencionar en la reunión del Foro Económico de Davos que tendrá lugar a fines de enero del año entrante, donde será ávidamente escuchado por gran parte de la comunidad internacional de negocios.

El presidente Kirchner ha planteado este primer mandato suyo como una suerte de «bisagra» entre dos eras o concepciones políticas, asignándole a su acción un tinte «principista» desde el cual pretende combatir la corrupción, la evasión fiscal, el trabajo «en negro», al mismo tiempo en que diseña un nuevo modelo donde debe primar el interés nacional, la soberanía para el crecimiento y la producción con recursos propios, estableciendo supervisión y control sobre la inversión extranjera y respecto de las obligaciones del sector público y privado para con el exterior.

Dentro de tal diseño político se han insertado el régimen de control sobre las sociedades extranjeras que actúan en el país a través de sociedades locales intentando limitar su responsabilidad patrimonial en caso de default o de riesgo político; el combate contra la actuación de las sociedades offshore que esconden capitales argentinos que actúan al margen del control fiscal; y la fortificación de las inspecciones para perseguir el empleo marginal (vulgarmente llamado «en negro»).

El propósito -en su enunciación- es loable, y nadie puede dejar de compartir esta idea de vientos «moralizantes» que parecen querer soplar en la República.

• Propuesta

Ahora bien, este desafío no podrá ser finalmente enfrentado con aspiraciones de éxito si no se agrega a la nueva normativa y a la nueva actitud una herramienta efectiva que haga posible reencauzar en la legalidad a quienes, por un motivo u otro, han escapado de ella en el pasado. Sin este elemento los eventuales progresos serán lentos y el resultado incierto. De allí que propongamos, por un período limitado en el comienzo de 2004, un amplio blanqueo fiscal y laboral.

Desde ya que el dictado de una amnistía fiscal es una medida de por sí controvertida
, y el principal argumento que más cuestiona su aprobación es el de los efectos negativos que estas medidas pueden tener respecto del cumplimiento futuro de los individuos normalmente honestos. Sin embargo, no existe estadística ni estudio alguno hasta el presente que haya demostrado que el balance entre la duda que ello puede generar respecto del futuro cumplimiento, y la realidad de incorporar los capitales al circuito legal y oficial como nueva base de tributación y, a la vez, generadores de nueva y mayor recaudación, se incline a favor del primer argumento.

De hecho, hasta los países más avanzados del mundo, y más estrictos -todos ellos- que la Argentina, han recurrido a estos sistemas para repatriar capitales evadidos al extranjero, como es el caso de las amnistías francesas de 1981 y 1986; la belga de 1983, hasta incluso bajo un trasfondo político como forma de facilitar transiciones a regímenes fiscales que exigen una ruptura y mejora de las anteriores relaciones tributarias entre la ciudadanía y la administración, como lo fueron la experiencia española de 1977 o la filipina de 1986.

El trato preferencial dado por Italia a los inversores que repratriasen sus ahorros desde el extranjero en el año 2002, tanto como las iniciativas por parte de la Unión Europea en la elaboración de directivas que permitan el seguimiento de los contribuyentes de cada estado a través de los otros estados, y que comenzará a regir parcialmente el 1 de enero próximo y en plenitud en el año 2005, prevén etapas previas de blanqueos y amnistías fiscales.

Alemania calcula que sus ciudadanos tienen más de 960.000 millones de euros en el extranjero y espera recaudar más de 5.000 millones de euros en el primer ejercicio por la amnistía que prontamente sancionará, contrariando fuertemente su historia y su tradición. La amnistía italiana de 2001 atrajo más de 60.000 millones de euros de los 500.000 que se suponen ocultos; Bélgica prevé repatriar más de 13.000 millones de euros en la amnistía a punto de ser sancionada; Irlanda a través de una amnistía de diez meses sancionada en el año 1998 esperaba recaudar más de 50 millones de euros, y finalmente llegó a juntar más de 750 millones. Finalmente Estados Unidos no ha escapado a la tentación de este tipo de procesos, implementando una casi «vacación fiscal» para que las empresas multinacionales repatríen los beneficios de sus operaciones en el exterior en el año 2004.

Más cerca nuestro, el gobierno del presidente Lula, en Brasil, estudia una amnistía que intente repatriar cerca de 30.000 millones de dólares colocados en el exterior y de propiedad de brasileños.

Lo mismo puede decirse del trabajo marginal. Un incentivo de blanqueo, sin sanciones, y con nuevas reglas, puede también permitir que se «sincere» el índice de desempleo y se termine con la duplicidad del subsidio social que se malgasta en quienes aparecen a los ojos de las estadísticas y del gobierno como «desempleados» y que en realidad tiene un empleo real, pero no declarado.

En el caso de la Argentina, si se tiene en cuenta que en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, solamente, existen más de 25.000 inmuebles a nombre de sociedades extranjeras offshore donde hay anonimato respecto de los verdaderos titulares del capital, y que más de 4 puntos en el índice de desempleo corresponden a empleo marginal, puede advertirse la magnitud del fenómeno y la necesidad de buscar la forma de permitir y viabilizar un sinceramiento posible de la situación, si es que realmente se desea abrir una nueva etapa.
De lo contrario lo que haremos es constreñir más al evasor a mantenerse en la ilegalidad por la imposibilidad de incorporarse razonablemente al sistema.

Hoy es el día, y el momento oportuno
. Queda la propuesta como reflexión y quizá podamos decir prontamente: Año nuevo, fisco nuevo.

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