El 2019 debería ser algo mejor que el 2018. Los problemas no se resolvieron, ni se resolverán en 2019, pero un poco de suerte combinado con el objetivo de generar bienestar de cara a las elecciones, podrían producir un progresivo alivio hasta octubre.
La economía en 2019: algo mejor que en 2018
Aún sin resolverse los problemas, la combinación de un poco de suerte y combinado con el objetivo de generar bienestar de cara a las elecciones, podrían producir un progresivo alivio hasta octubre.
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No hay que perder de vista que Argentina está inmersa en una coyuntura internacional desfavorable. EE.UU. presenta bajos niveles de desempleo y signos de una economía sólida, lo que podría generar inflación. Por temor a la inflación, la Fed (el banco central de EE.UU.), está subiendo las tasas, lo que aprecia al dólar frente a las otras monedas. Por lo tanto, no solo el peso argentino debería perder valor frente al dólar, sino también las otras monedas del mundo. Cada una a su ritmo y según sus circunstancias.
Una moneda fuerte induce a mayores importaciones y dificulta las exportaciones, aumentando la oferta en el mercado interno, y ayudando a mantener los precios bajos. Con el dólar fuerte, es probable que el presidente Trump insista con medidas proteccionistas. La incertidumbre por la guerra comercial entre China y EE.UU. puede generar nerviosismo en inversores y complicar a los mercados financieros, que son quienes nos estuvieron financiando hasta inicios de 2018. En consecuencia, es poco probable que en 2019 se revierta el abrupto fin del financiamiento externo voluntario (emisión de bonos argentinos). Habrá que seguir ajustando los recursos para que las divisas de exportación y el préstamo del FMI alcancen para cubrir pagos al exterior.
Parte de los problemas de 2018 fueron internos: la mala cosecha, por ejemplo, que combinada con un contexto externo complicado.
Sucede que el campo explica gran parte de los dólares y divisas que Argentina necesita para pagos al exterior (pagos de importación de bienes y viajes, pagos de intereses y vencimientos de capital, etc). Con este faltante, y sin posibilidad de endeudarnos más aún, la economía entró en un proceso de ajuste para disminuir los pagos al exterior en concepto de importaciones y viajes.
Los pagos de intereses y vencimientos de capital hay que honrarlos y por ahí no se puede recortar. Justamente, el financiamiento externo terminó por el temor a que no consigamos los fondos para afrontar los vencimientos. Y la desconfianza sigue y se verifica en niveles de riesgo país elevados comparados con otros países de LatAm.
MECANISMO
¿Cómo se produce el ajuste externo?, ¿cómo hacemos para que los dólares cobrados por exportaciones alcancen para pagar importaciones, pagos de intereses y dividendos, vencimientos de capital y otros? El mecanismo suele ser: el mercado de divisas empieza a registrar muchas compras y pocas ventas, y el Banco Central pierde reservas para cubrir el exceso de demanda, lo que termina en un salto del dólar. Este año, a la demanda de divisas para pagar viajes, importaciones y dólares para ahorrar, se le sumó una cantidad de inversores que desconfiaron de la capacidad de pago del país y quisieron sacar sus capitales aumentando considerablemente la demanda de divisas en poco tiempo; mientras tanto el campo había tenido una mala cosecha y las exportaciones de la industria local hacia Brasil no llegaron a compensar, con lo que la oferta de divisas era baja. La falta de financiamiento externo, además, había recortado parte de la oferta proveniente de los dólares de la deuda contraída en el exterior. Resultado: suba del dólar en varios episodios.
El aumento del tipo de cambio encarece las importaciones, y los precios suben. Aquí se verifican dos fenómenos: por un lado, la sustitución de importaciones: si las zapatillas importadas suben de precio, las zapatillas nacionales se venden más y el productor sube un poco el precio; o bien si ir a Florianópolis cuesta mucho más que el verano pasado, consideraremos veranear en Mar del Plata, y es esperable que los comerciantes marplatenses se anticipen a la mayor demanda subiendo un poco los precios. Pero por otro lado, los mayores precios hacen perder poder adquisitivo a los salarios y cae el consumo, sobre todo de productos importados. En resumen: habrá menos dólares gastados en el exterior en parte porque algunas personas reemplazan Florianópolis por Mar del Plata, y en parte porque otras personas no se irán de vacaciones. No es claro cuál será el resultado, si la temporada será un éxito, un fracaso o seguirá igual. Depende de cuánto suban los preciosen Argentina y cuán golpeado llegue el bolsillo argentino al verano.
¿Cómo sigue la historia en este año 2019 de elecciones?
Lo más probable es que el gobierno actúe con la mira puesta en las elecciones y la política se acomode, hasta donde se puede, para llegar a este objetivo. Y después se verá. Mientras tanto, la obra pública no parece ser un motor muy probable, y los PPP por ahora no muestran signos muy alentadores.
Es importante que el frente de la deuda estará relativamente bajo control. Por ahora, el préstamo del FMI cubre los pagos de deuda del año, pero los inversores están desconfiados preguntándose qué pasará después, lo que mantiene altas las tasas (rendimientos de los bonos) que vencen a partir de 2020. La situación es compleja. Por un lado, los inversores quieren la certeza de que la deuda puede pagarse. Pero si el gobierno aprovechara el año para acentuar el ajuste y generar superávit externo, mostrando que no solo no necesita tomar más deuda, sino que puede ir repagándola, el nerviosismo no desaparecería porque, por otro lado, profundizar el ajuste disminuye las chances de ganar las elecciones y entonces habría incertidumbre política. Parece más probable que el Gobierno use recursos para mejorar la situación interna antes que para privilegiar el ajuste.
El gran dato alentador es que el campo tendría una cosecha récord, si el clima acompaña. Esto reforzará la oferta de dólares, y facilitará mantener al dólar bajo control. Por otro lado, el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES tiene en su portafolio bonos en dólares del Gobierno por los que cobrará intereses y amortización de capital, lo que le dará un monto interesante para eventualmente vender en el mercado y moderar picos de demanda.
SALARIOS
Por otro lado, se espera que el Banco Central vaya reduciendo progresivamente la tasa de interés a medida que la inflación ceda, con cuidado de mantener el carry y evitar una abrupta salida de capitales que desestabilicen el tipo de cambio y vuelvan a acelerar la inflación. Mientras tanto, se podría esperar que los precios ajusten a mayor velocidad que el dólar, y por lo tanto que el tipo de cambio real vaya reduciéndose, lo que implica como contrapartida una mejora en el poder adquisitivo de los salarios.
La industria local estará lidiando con la caída de demanda interna, aliviada por una parcial sustitución de importaciones. Brasil es clave para la industria local, ya que es el principal destino de sus exportaciones. Se espera un buen 2019 para Brasil si se mantiene la confianza del mercado en el presidente electo Bolsonaro, y si no hay sorpresas en las reglas del Mercosur. Con mayor demanda brasilera, la industria local podría mostrar una tímida reactivación que ayude a recomponer la actividad. Los ajustes de salarios 2019, de verificarse las mejoras que mencionamos, podrían apuntalar un poco la demanda interna y ayudar a llegar a las elecciones con una sensación de bienestar y estabilidad.
Tras las elecciones, lo más probable es que el escenario se deteriore. El Gobierno podría intentar negociar nuevos tramos con el FMI para cubrir pagos de deuda más allá de lo que garantiza el acuerdo actual, pero probablemente significará un mayor ajuste con planes más exigentes.
En resumen, podríamos vivir un 2019 más tranquilo hacia las elecciones, con progresivas mejoras de la actividad y del poder adquisitivo, aunque luego posiblemente volvamos a la necesidad de ajustar condicionados en parte por la evolución del contexto internacional, y en parte por la necesidad de ordenar las cuentas locales.
(*) Profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral.




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