Está en estudio una rebaja en las retenciones que el gobierno cobra a las exportaciones de maíz. La idea despierta adhesiones en las provincias productoras, ya que pretende desalentar el cultivo de soja, que este año llegará a 35 millones de toneladas, y atenta contra la conservación del suelo por los sobrelaboreos que realizan los productores, alentados por los buenos precios de este grano. La soja generó ya una disminución del área destinada a la ganadería y al algodón. El fisco cobra derechos de exportación de 20% sobre las ventas de maíz, y se planea reducir esa alícuota a 15%. La idea pertenece al nuevo secretario de Agricultura de la Nación, Miguel Campos, quien cuenta con experiencia en Brasil acerca de cómo la soja avanza sobre otras producciones y sabe que es difícil convencer al productor de que debe realizar rotaciones para no degradar el suelo. La disminución implicaría una recaudación menor de retenciones por u$s 40 millones anuales. Sería una reasignación de recursos en pos de mejores cultivos. Pero se especula con que también podría aumentarse la alícuota sobre la soja y llevarla de 20% a 25%, lo que implicaría un incremento en la recaudación de u$s 280 millones. En los próximos días, Agricultura elevaría la propuesta al Ministerio de Economía.
Una reducción de la alícuota de las retenciones al maíz está siendo estudiada por la Secretaría de Agricultura de la Nación con el argumento de desalentar el monocultivo de soja que en el país llega a una cosecha de 35 millones de toneladas contra 14,4 millones de toneladas del cereal. Se habla de que la alícuota pasaría de 20 por ciento actual a 15 por ciento en caso del maíz. También se especula que la soja saltaría de 20 por ciento a 25 por ciento. En ambos casos, con sus combinaciones, se afectaría la recaudación.
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Son muchos los especialistas que sostienen que, en definitiva, la soja terminará afectando la sustentabilidad de los suelos debido a que gran parte de productores -que accedieron al cultivo ante el boom de precios-no realizan las rotaciones correspondientes que permiten el mantenimiento de la calidad del suelo.
La explosión de la soja en la Argentina llegó como consecuencia de los bríos de la tecnología que permitió el aumento de rendimientos por hectárea y provocó la expansión del área destinada al cultivo. En algunas zonas, la expansión es preocupante, por caso en Chaco, se produce soja a expensas del algodón, cultivo que registró una violenta disminución de área, al punto de llegarse a límite de importar materia prima.
• Rentabilidad
La falta de políticas agropecuarias suele ser indicada como uno de los motivos de esta «sojarización» de la Argentina aunque la explicación podría ser más simple: el productor produce lo que genera mayor rentabilidad y hoy la soja cotiza alrededor de u$s 170 contra u$s 84,5 del maíz.
Lo cierto es que desde ámbitos públicos se admite el estudio de la medida que sólo es mencionada como una reducción en las retenciones del maíz. No obstante, también se especula en sectores privados un aumento en la alícuota que afecta a la soja, el cultivo que permite mayores ingresos al fisco por derechos de exportación ya que implica 20 por ciento impuesto a los granos principales más 3,5 por ciento correspondiente a un arancel histórico que tiene como fin desalentar las ventas de granos sin industrializar. De confirmarse una compensación entre maíz y soja, el Estado generaría más ingresos por retenciones. En efecto, hoy las exportaciones anuales por soja llegan a un monto cercano a u$s 5.610 millones, y las retenciones implican u$s 1.120 millones. Si se aumenta 5 por ciento la alícuota de soja, el Estado recaudaría u$s 280 millones adicionales.
El maíz, en tanto, que intenta ser impulsado por los técnicos de Agricultura, se exporta por un volumen cercano a los 10 millones con ingresos cercanos a los u$s 800 millones y retenciones que implican u$s 170 millones. Si se disminuye 5 por ciento de alícuota, el cereal tributaría 15 por ciento y el Estado dejaría de recaudar u$s 40 millones.
Los analistas no están de acuerdo: «Es malo si se pretende manejar la sintonía del productor y se impone diferencial a productos de diferente nivel tecnológico. Que las retenciones se eliminen o bien que no se discriminen producciones», decía el analista Pablo Adreani, de Agri-Pac.
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