8 de noviembre 2001 - 00:00

Bancos preparan el canje internacional

Domingo Cavallo avanza en silencio con el capítulo internacional de la reestructuración de la deuda. Hoy vence el plazo fijado para recibir propuestas de los bancos para pilotear la transacción. Son más de u$s 30.000 millones en juego y hay una fuerte puja entre las entidades por quedarse con una operación que generaría importantes comisiones. Aún no está claro qué mecanismo utilizará Cavallo para seducir a los inversores extranjeros para que sacrifiquen una alta tasa de interés. A diferencia de lo sucedido con las entidades locales, a los bancos y a los fondos de inversión del exterior de poco les sirve un préstamo sin cotización a 7% como máximo. Por eso se están buscando propuestas alternativas intentando mantener el carácter voluntario del canje de la deuda. Sigue pendiente un apoyo de organismos internacionales y que inclusive otorguen garantías de pago, pero esas gestiones aún pueden demorar largas semanas y condicionadas siempre al cumplimiento del déficit cero. La operación es clave porque a ella podrán acceder, si así lo desean, los inversores locales. Entre los bancos que acercarán hoy su propuesta se encuentran el Deutsche Bank, Merrill Lynch, Goldman Sachs y el CS First Boston.

Los bancos de inversión están terminando de delinear sus propuestas para organizar el canje internacional de la deuda argentina. Aunque aún es demasiado prematuro para definir la operación, ya que ni siquiera se conocen las garantías que conseguirá la Argentina, desde Economía solicitaron la semana pasada que las entidades acerquen formalmente las propuestas.

Es probable, incluso, que el viceministro de Economía, en su arribo hoy a Nueva York, tome contacto con algunas de las entidades más influyentes de Wall Street con este objetivo.

En la lista figuran las instituciones que más experiencia tienen en megaoperaciones: Goldman Sachs, JP Morgan, HSBC, CS First Boston (lideró el megacanje anterior, pero ahora sería resistido) y Merrill Lynch.

Reunón clave

Ayer, la situación argentina y el futuro canje de deuda fueron los temas centrales de la reunión que mantuvo el Institute For International Finance (IIF), una entidad que reúne a algunos de los principales financistas del mundo.

David Ackerman, miembro del directorio del Deutsche Bank, señaló que «las crisis ocurren de tanto en tanto, como vemos con los casos de Turquía y de la Argentina. Estas situaciones revelan la necesidad de cooperación del sector público y privado para manejar la crisis».

Por su parte, el flamante subsecretario de Financiamiento, Gustavo Stafforini, en la práctica el segundo de Marx, arrancó con un problema menos. Los fondos comunes de inversión aceptaron renovar las LETES que vencen el viernes a las mismas tasas que habían arreglado la última vez, es decir, por debajo de 14% anual. El monto en cuestión asciende a u$s 740 millones, y la posibilidad de no renovación ya había causado algunos dolores de cabeza en la Secretaría de Finanzas.

Los fondos se habían negado inicialmente a renovar las LETES, porque señalaban que en el mercado podían conseguirse niveles más atractivos, por ejemplo, colocando dinero en las cajas de ahorro. Finalmente accedieron, en línea con la posición más flexible de los bancos.

En cuanto a la operación internacional, los sondeos que ya había realizado en Nueva York Domingo Cavallo, cuando viajó hace dos semanas, no fueron muy alentadores.

Quienes analizaron en profundidad las posibilidades de desarrollar exitosamente esta operación con inversores extranjeros (fundamentalmente fondos de inversión), llegaron a una serie de conclusiones:

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Los inversores extranjeros no aceptan como garantía adicional de la deuda la recaudación de impuestos.

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Los fondos no pueden aceptar créditos a cambio de los títulos. No están autorizados por reglamento a tener instrumentos que carezcan de cotización secundaria.

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Los aportes del FMI, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo por u$s
8.000 millones, si llegan, resultarían insuficientes para una operación de tanta magnitud.

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Debe evaluarse si es conveniente colocar nuevos títulos con garantía especial o conformar un fideicomiso que maneje las garantías y sea utilizado para recomprar bonos en el mercado.

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La inclusión de los inversores locales en el tramo internacional será muy complicada, por los grandes montos en juego.

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