22 de septiembre 2004 - 00:00

Bielsa: "Que Francia nos ayude en el FMI, aunque sea tarde"

Nadie lo dirá nunca abiertamente. Pero la gran ventaja que encuentran los diplomáticos en asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas es la posibilidad de resolver en maratones muy exigentes un sinfín de contactos y deliberaciones con representantes de otros países. Ese despacho obligaría, de otro modo, a dar la vuelta al mundo varias veces en viajes oficiales. En el caso de Rafael Bielsa, ayer se entrevistó con los cancilleres de Alemania, Cuba, Israel y Francia, para tratar una agenda variadísima.

Como sucede habitualmente en estos tiempos, el gobierno debe dar explicaciones sobre el tratamiento de la deuda pública. Si el interlocutor es alemán, como Joschka Fischer, más. El credo de Bielsa siempre fue el mismo: «La Argentina está tratando de llegar con éxito al tramo final de la negociación, haciendo una oferta que supone un gran sacrificio de su población». El ministro alemán -técnicamente, vicecanciller- escuchó sin mover un músculo de la cara y Bielsa prefirió cambiar de tema. Ya tendrá oportunidad de sumergirse en el conflicto con los bonistas alemanes cuando visite Berlín, entre noviembre y diciembre, accediendo a la invitación que se le formuló ayer: serán los días calientes en los que el oficialismo estará cruzando los dedos para que suba la aceptación de la oferta formulada por Roberto Lavagna.

Como en Francia no hay el caudal de bonistas que existe en Alemania, Bielsa fue más pretencioso con Michel Barnier. Eso sí, antes de pedirle nada, lo elevó a la mayor altura: «Como el general De Gaulle a Churchill en 1940, le pido que anuncie el apoyo de su país a la Argentina. Y no me conteste lo que contestó Churchill: 'Es tarde para hacerlo. Más tarde aún es para anunciarlo'», le dijo el canciller argentino (un obsesivo lector de la biografía del conservador inglés, a quien le dedicó alguna página) a su colega francés. Sin embargo, es difícil que Néstor Kirchner consiga de Jacques Chirac el aval ante la comunidad financiera internacional que obtuvo de José Luis Rodríguez Zapatero: «Aquellos eran tiempos dramáticos», se limitó a contestar Barnier.

El ministro Fischer habló de la reforma al Consejo de Seguridad de la ONU y de la conveniencia de incorporar nuevos miembros «por consenso». Francia apoyó la iniciativa, que supone el ingreso de Alemania. Bielsa fue gaseoso en su respuesta: «Nosotros estamos estudiando el nuevo formato y nos gustaría un Consejo más democrático». En el lenguaje cifrado de los reformistas, esto significa que no haya nuevos miembros permanentes. Es el mensaje que, para evitar discordias, se eludió enviar a Lula.

¿Habrá acuerdo entre Mercosur y Unión Europea en octubre próximo? Nadie se muestra demasiado pesimista. Pero ni los alemanes ni los franceses dejaron de mencionar «los límites» que existen para ese tratado de libre comercio. Son la cerrazón del mercado agrícola de Europa y la reticencia a abrir su mercado de servicios por parte de Brasil. Difícilmente se salven esas vallas. Con Barnier fue mejor hablar de Haití: es que allí hay un fondo para la reconstrucción del país del que podrían caer algunas monedas para las empresas argentinas.

• Cordialidad

La conversación con Felipe Pérez Roque, el canciller cuba-no, fue como siempre cordial, llana. Pero políticamente importa por lo que no se dijo: ni una palabra sobre el viaje que Bielsa tenía pensado para noviembre y menos aún de una visita de Cristina de Kirchner para ese mes. ¿El Presidente llegando a La Habana? Esa es todavía una figurita más difícil. Del otro lado, tampoco el cubano adelantó un solo dato sobre la posibilidad de que Fidel Castro permita que la doctora Hilda Molina viaje a la Argentina a visitar a su hijo, caso que se convirtió en escandaloso. En esos dos silencios está encerrada toda la negociación, hoy día, con la isla.

Con el viceprimer ministro Silvan Shalom, Bielsa debió ponerse el sombrero de abogado. Los atentados de 1992 y 1994 (así se refirió el ministro israelí a la voladura de la embajada de su país y a la destrucción de la AMIA) fueron el centro de la conversación. No se descendió a los detalles del proceso, pero sí quedó claro que el gobierno no quiere dar lugar a reproches por desidia, «aunque en el país existen tres poderes, no uno». Del modo más estilizado posible, Bielsa también hizo una advertencia: no todos los familiares de las víctimas tienen la misma perspectiva, sobre todo respecto del resarcimiento. Por suerte para el canciller, Shalom comenzó a criticar a Arafat, y la charla cambió de rumbo.

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