6 de febrero 2003 - 00:00

Buarque: "Me gustaría salir volando, pero uso el ascensor"

Brasilia - Además de ministro de Educación de Brasil, Cristovam Buarque es un destacado referente nacional del Partido de los Trabajadores, un intelectual reconocido, ex gobernador de Brasilia entre 1995 y 1998 y ex senador. Abierto, de opiniones fuertes y polémicas, acepta con humor el mote de «derechista» que le han puesto sus compañeros de partido cuando propuso en la campaña de 1998 que Pedro Malan siguiera interinamente en su cargo de ministro de Hacienda aunque ganara la oposición de izquierda. Tanto que señala: «El PT cambió; yo no he cambiado». Llamativamente, admite que la agrupación no tiene ideología, que aún no sabe adónde quiere llevar al país a largo plazo y que se sigue sin tener en claro cómo se financiarán los ambiciosos programas sociales de Lula.

A continuación, el diálogo que mantuvo con este diario.

Periodista: ¿Hacia dónde va Brasil?


Cristovam Buarque
: Será importante observar este país en los próximos meses y años, ya sea por lo que haremos bien como por los errores que nadie asegura que no iremos a cometer. En este momento no hay otro gobierno en el mundo que se proponga una alternativa al neoliberalismo, salvo en casos tradicionales como el de Cuba. ¿Quién más tiene un gobierno con un obrero en la presidencia, con un partido con origen y trayectoria de izquierda? Un partido que se propone producir cambios, como dijo claramente el presidente, pero sin modificar la estructura económica, las relaciones internacionales abiertas, las leyes del mercado, las privatizaciones ya hechas por los gobiernos que lo precedieron. Un gobierno que intenta conciliar lo que se ha llamado «economía neoliberal» con la necesidad de reparar lo malo que eso generó en la sociedad, con una educación que está mal, una salud destruida, desempleo.

P.: Es casi una declaración de principios de la Tercera Vía.


C.B.:
Tercera, cuarta, quinta, la que sea. Pero una diferencia con la Tercera Vía es que ésta se presenta como una opción a la utopía. Contrariamente, el PT mantiene la idea de que a largo plazo -en un tiempo dado, en un siglo tal vez- se irá más allá del capitalismo. El PT no renunció al objetivo de llegar a un sistema más justo: no creemos que en el cielo haya tasas de interés o competencia comercial.

• Importancia

P.: Pero en la Tierra sí las hay y esos asuntos provocan fuertes diferencias en el PT.

C.B.:
Lo que importa es que los niños vayan a la escuela, que nadie esté sometido al hambre, que nadie muera por falta de atención médica. Lo radical es asegurar que en cuatro años alfabetizaremos a 20 millones de adultos; yo soy el ministro más radical. Lo radical no está en el nombre del presidente del Banco Central o en si las tasas de interés son altas o bajas. A mí me gustaría salir volando, pero tengo mucho respeto por la ley de gravedad; todos los días tomo el ascensor, pero lo hago con miedo.

P.: Sin embargo esas tensiones son reales.


C.B.:
Es bueno que los llamados sectores radicales del PT expresen sus posturas, aunque eso tenga costos. Es bueno porque nos impedirá, por un lado, que nos acostumbremos a la realidad, que dejemos de indignarnos al ver un niño en la calle. Y porque, por otro lado, nos alerta sobre la burocracia del día a día. Pero el costo que esa situación tiene es que parece que el partido no tiene dirección, que todo es desorden. En lo que hace a la imagen, eso puede ser muy perturbador. Pero hay que tratar de convencerlos y no me gusta la idea de expulsarlos.

P.: ¿No se corre el peligro de que el gobierno termine inmovilizado por estas presiones cruzadas?


C.B.:
No, porque 70% está firme en el campo mayoritario del partido que (José) Dirceu representa perfectamente. No veo un peligro de inestabilidad. Sin embargo, sí veo dos riesgos: los sindicatos, que son algo distinto del partido, y dificultades con el marco jurídico y los jueces. Ante cualquier cambio, no faltará un juez que se oponga. Por ejemplo, la reforma de la seguridad social será difícil porque supondrá tocar privilegios que la Justicia podría considerar derechos. Pero también eran derechos los que en su momento algunos tenían para poseer esclavos.

P.: ¿De dónde saldrán los fondos para todos los planes sociales del gobierno?


C.B.:
No lo sabemos aún. Debemos trabajar en eso y en asegurarnos de no duplicar los programas.

P.: ¿Pero dónde es que el Estado gasta más?


C.B.: En seguridad social y en deuda. Será difícil hacer lo necesario, pero este gobierno fue votado para hacer lo imposible. Hay una gran expectativa, con un líder que representa esa esperanza y por un partido que durante 20 años mantuvo un cierto discurso. Vea: un niño pobre recibe del Estado hasta los 22 o 23 años 3.200 reales (unos 900 dólares), mientras uno de clase media recibe 200.000. Eso es así porque el primero llega sólo a 4º grado, mientras que el segundo va a la universidad estatal. Eso es una infamia. Por eso, hay que reducir los gastos innecesarios. Ahora mismo, si esa cortina estuviera abierta, no deberíamos estar usando luz. Antes de pedir dinero a Hacienda, veré qué puedo reducir en mi ministerio.

• Carisma


P.: ¿De qué depende que se obtenga esa reforma de la seguridad social?

C.B.:
Si se hace pronto, será menos difícil, pero si se dejan pasar uno o dos años, se complicará porque entonces vendrán las elecciones municipales. Aparte, los sindicatos de empleados públicos no estarán tan en contra por la fuerza política y el carisma de Lula, quien tiene la suficiente credibilidad para decirles que es necesario sacar algo de un sector para dar más a los niños, para mejorar la seguridad o poner agua en las casas. En diez años, toda la plata del gobierno irá al pago de jubilaciones. Hoy, para ciertos sectores, no hay una edad mínima requerida, no existen topes, se paga 100% del último sueldo percibido, se pueden acumular 3 o 4 jubilaciones por diferentes trabajos, los militares pueden pasarlas a sus hijos si éstos no se casan. Pero los militares no tienen privilegios; la dictadura, que duró 20 años, no les dio privilegios. Y esto lo digo yo, que estuve 9 años exiliado.


Estudian posible desestabilización
BRASIL: ESTUDIAN POSIBLE DESESTABILIZACIÓN

Brasilia
- Anticipando cierto descontento de parte de la población ante la posibilidad de promesas incumplidas del gobierno de Lula, uno de los organismos de inteligencia analiza un escenario de inestabilidad política.

El presidente Lula tiene una popularidad récord de 83%, pero semejante grado de expectativas populares podría jugar en contra del gobierno en la medida en que no logre mejorar rápidamente la situación de tan vasta y variada alianza social. Por eso el gobierno ordenó a la Secretaría de Acompañamiento y Estudios Institucionales (SAEI, el organismo encargado de estudiar reportes de inteligencia y de prevenir y coordinar respuestas ante situaciones de grave crisis) que incluya el tema entre sus principales hipótesis de inestabilidad política.

Así lo revelaron a
Ambito Financiero fuentes de la propia organización, las que reparten sus desvelos entre inquietudes como ésa y, por ejemplo, y de un modo más inmediato, la posible guerra en Irak. En este último caso, se tratan las posibles secuelas en términos de aumentos en el precio del petróleo y la posibilidad de ampliar las compras de crudo a la Argentina.

Es que las expectativas generadas por Lula en su campaña electoral son amplias y variadas.

La prensa toma nota tanto de ese 83% de popularidad como de las deficiencias que comienza a exhibir la nueva administración. Así, oscila entre el apoyo y la crítica cauta. Sin embargo, día a día publica editoriales en tono de advertencia, chistes sardónicos y titulares del tipo: «Las promesas olvidadas del plan 'hambre cero'» o «El gobierno lanza un paquete de promesas».

• Pasional

«La popularidad que en su momento tuvo Fernando Henrique Cardoso fue más de tipo racional, por los logros de su plan real en materia de control de la inflación. La de Lula es más bien pasional», dijo a este diario Helena Chagas, jefa de Redacción del diario «O Globo», de Brasilia. Pero admite que la pasión puede ser un vehículo de velocidad supersónica entre el amor y el desprecio. Sin embargo, recuerda que las mismas encuestas que arrojan la mencionada popularidad de 83% señalan que la gente tiene más paciencia de la que se cree y que no espera cambios inmediatos. Fijan, en cambio, un plazo mínimo de entre 10 y 12 meses para ver encauzadas sus aspiraciones. Pero ¿el escenario internacional admite expectativas de drástico mejoramiento económico y social para Brasil, aun en ese lapso?

La proximidad de una nueva guerra en el Golfo Pérsico, concuerda Chagas en sintonía con otros especialistas, podría dar por tierra con la estrategia oficial en materia económica.

La apuesta del ministro de Hacienda,
Antonio Palocci, es que la política ortodoxa adoptada permita a mediano plazo la llegada de capitales al país, la reducción de las tasas de interés y el consecuente margen para aplicar políticas más activas.

Tanto es así que Lula anunciará el próximo lunes un fuerte recorte de 15% en el gasto público federal a fin de incrementar el superávit primario (antes del pago de intereses de deuda).

• Peligro

Sin embargo, el haber cruzado los dedos con fuerza puede no surtir el efecto deseado, y una guerra prolongada en Irak podría provocar un retiro de esos capitales de todos los mercados emergentes, disparar el precio del dólar, las tasas de interés internacionales y el petróleo. En ese caso, la expansión económica quedará para tiempos mejores.

Palocci ha dicho que la línea económica ortodoxa es una transición necesaria hacia un nuevo modelo económico futuro.
Consultada acerca de la duración de esa política, Chagas contestó con humor: «Creo que esa transición durará 4 años u 8, si Lula es reelecto». No dudó en calificar la situación financiera brasileña de «dramática» y resaltó que el gobierno sigue sin saber de dónde sacará los fondos necesarios para hacer frente a su ambiciosa agenda social.

La realidad le dio la razón:
según se reveló ayer, el gobierno pedirá al sector privado que se haga cargo con donaciones del plan «hambre cero» en un millar de municipios.

Chagas no cree que la alianza del gobierno sufra una sangría demasiado grande por izquierda (para ella la salida de legisladores petistas radicales sólo alcanzaría a un muy pequeño puñado de dirigentes). También considera que el gobierno ha avanzado en la conformación de una base parlamentaria que le permita sacar adelante, al menos, la principal reforma, la de la seguridad social.

Con todo, alerta sobre otro peligro: la imposibilidad de Lula de atender a los reclamos de la clase media, sobre todo, en materia de empleo (la desocupación llegó a 19% en San Pablo) y de seguridad en las grandes ciudades.


Pero la reactivación del mercado interno -la necesidad que subyace a los reclamos de la clase media- parece por ahora estar lejos de las expectativas oficiales.

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