La próxima cumbre de jefes de Estado del Mercosur en Florianópolis, que se tomaba como una fiesta de fin de año para los presidentes del bloque, parece ahora encaminada a ser la más sombría de los últimos 5 años.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El encuentro se realizará entre el 14 y el 15 de diciembre y, entre otros «logros», los presidentes del bloque iban a anunciar que Chile se convertiría en un socio pleno del Mercosur. Ahora, luego del anuncio del gobierno de Ricardo Lagos de avanzar en un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, la Argentina y Brasil comenzaron a debatir la manera y el grado de condenar a Chile. Para la Argentina el anuncio del país trasandino podría significar un serio traspié para el propio Fernando de la Rúa, que horas después de haber asumido la presidencia argentina aseguró que uno de sus principales proyectos de política exterior era lograr en sus cuatro años de gestión el ingreso de Chile como socio pleno del bloque. Incluso dio instrucciones al canciller Adalberto Rodríguez Giavarini para que comience a avanzar en ese sentido, sabiendo de antemano que hasta 2005 cualquier posibilidad sería utópica. Ahora, dentro del Poder Ejecutivo argentino se discute si efectivamente sirve condenar la actitud chilena o simple-mente se criticará veladamente la cuestión para luego pasar el tema al olvido sin mayores condenas a Lagos. Es más, para algunos integrantes del gobierno de la Alianza y para muchos economistas, la situación chilena es para alabar e imitar. Adalberto Rodríguez Giavarini, que debió explicar el fin de semana ante el gabinete nacional la posición chilena, dijo que no es momento de hacer grandes condenas sino de esperar la evolución y el contenido del acuerdo que Chile firme con Estados Unidos. Mientras tanto, se debería reformular la estrategia dentro del Mercosur y cerrar definitivamente focos conflictivos como los del azúcar, pollos, servicios, compras gubernamentales y otras cuestiones que aún deben discutirse. «Es más -reflexionan en el ámbito cercano a Giavarini-; esta alternativa servirá para que Brasil sepa que existe un compromiso argentino con el Mercosur, lo que podría servir para que Cardoso tome la decisión política de acelerar la integración y la negociación por la coordinación de variables macroeconómicas», tema sobre el que Brasil eludió avanzar.
Pero hay otra posición dentro del gabinete argentino. El ministro de Economía, José Luis Machinea, separándose radicalmente de la política de la Cancillería, dijo el viernes pasado ante un grupo de representantes de empresas norteamericanas que «envidia a Chile» por el acuerdo conseguido. Incluso dijo que el camino que debía seguir la política exterior argentina es el de Lagos, y reducir más los aranceles. Con un tiro por elevación hacia Giavarini, Machinea dijo incluso que él sabía del acuerdo que firmarían Chile y Estados Unidos varias semanas antes, por lo que «no se sorprendió», como ocurrió en la Cancillería.
Pero la del ministro de Economía no es la única posición influyente que apoya a Chile y se aleja de Brasil. Domingo Cavallo, cuando a comienzos de octubre mantuvo un raid de reuniones sellando la especie de pacto que ahora lo une al gobierno, lanzó críticas al Mercosur y de alguna manera adelantó lo que sucedió el viernes pasado. Cavallo es un crítico histórico del bloque comercial. Incluso se sabe que antes de la reunión de Ouro Preto en 1994, cuando los cuatro países miembros decidieron avanzar de un tratado de libre comercio a una unión comercial, Cavallo desaconsejó a Carlos Menem tomar esa decisión. Incluso a comienzos de setiembre, durante un seminario en Brasilia, calificó al Mercosur como «burocrático» y aconsejó reducir un grado el nivel de integración y volver al área de libre comercio, «dejando que cada país maneje sus políticas arancelarias como quiera». «Esta situación sería similar a la chilena y le permitiría a la Argentina un acuerdo con Estados Unidos similar al que está preparando ese país», profetizaba el ex ministro. Esta posición de Cavallo fue recordada en la reunión de gabinete, haciendo subir sus acciones. Brasil, y por ahora a diferencia de la Argentina, está ya casi en pie de guerra comercial contra la gestión de Lagos. El gobierno de Fernando Henrique Cardoso vive la decisión chilena como una «traición» a la promesa personal que Ricardo Lagos le hizo en marzo cara a cara en una cumbre bilateral en Brasilia y ahora estudia un «castigo ejemplar». La definición más dura contra Chile la dio ayer el propio ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Luiz Felipe Lampréia.
El jefe de Itamaraty dijo ayer públicamente que «discutir la integración de Chile ya no tiene sentido» y que «se interrumpirá inmediatamente el proceso». Lampréia fue más allá y deslizó la posibilidad de exigir al hasta ahora fallido quinto socio del Mercosur compensaciones por su decisión al decir que «la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay tienen derecho a retribuciones arancelarias».
Pero las consecuencias del conflicto irían aun más allá. Con la decisión chilena, ahora Brasil encuentra el terre-no libre para imponer su visión sobre cómo tiene que ser el Mercosur y qué contenidos debe respetar el proceso de integración. Históricamente, ni Cardoso ni la diplomacia tradicional de Itamaraty, que tiene un peso enorme en las decisiones de la política exterior brasileña, veían con buenos ojos el ingreso del país trasandino al bloque comercial. Chile es un país que tiene como política económica central la apertura de sus fronteras comerciales.
Malos ojos
Actualmente tiene un promedio de 9% en su nivel de aranceles y piensa llegar a 5% antes de 2005, mientras que el Mercosur presenta 12% que incluso podría crecer si comienza a calcularse el comienzo del régimen automotor en su versión de mayor protección a los autopartistas locales. Brasil ve con malos ojos la política aperturista chilena y defiende a rajatabla su visión industrialista de la economía, incluyendo el mantenimiento de los históricos subsidios al azúcar, a la informática, a los laboratorios, al sector aeronáutico y a la industria de la defensa, entre otros rubros, sistema que siempre quiso exportar al resto de América latina y lógicamente al Mercosur. Además, Cardoso propone convertir a Brasil en el centro físico del continente a partir del plan de infraestructura que el presidente brasileño lanzó en Brasilia a fines de agosto ante todos los jefes de Estado sudamericanos. Este proyecto, que tiene el visto bueno (y el financiamiento) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), significa que este país se convertiría en el epicentro de todas las rutas terrestres y aéreas del continente, el núcleo de los emprendimientos energéticos y el centro financiero. Chile y Colombia (por diferentes motivos) fueron los únicos Estados que públicamente se manifestaron en contra del plan. La Argentina no contestó en Brasilia, pero la última presencia del titular del BID en Buenos Aires hace pocos días para discutir los alcances del aporte de ese organismo al «bloqueo fiscal» hizo cambiar la posición y en Florianópolis habría un apoyo oficial argentino al proyecto. Incluso Cavallo, una voz escuchada por el gobierno, aconsejará en los próximos días públicamente imitar a Chile y como compensación a Brasil, aceptar el plan de infraestructura. A. Rodríguez Giavarini
Dejá tu comentario