Esta semana, durante la cumbre anual del FMI en Washington, la Argentina deberá definir su posición frente a la deuda de casi u$s 6.300 millones que mantiene con el Club de París, un consorcio formado por 19 países acreedores.
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Si bien la Argentina canceló anticipadamente su deuda con el Fondo el 15 de diciembre de 2005 (u$s 9.900 millones), y en esa oportunidad el presidente Kirchner anunció que la dependencia con el FMI se había terminado para siempre, la relación continúa. Mal que le pese al Presidente, y sobre todo en tiempo de descuento electoral, del aval del Fondo depende hoy nuestra rehabilitación en los mercados financieros internacionales. Y arreglar con el Club de París, bajo la supervisión de la estructura técnica del Fondo, es el primer escalón en ese camino.
El país nunca dejó de ser miembro del FMI y desde esa condición apoyó públicamente la elección del nuevo director general, el francés Dominique Strauss-Khan. El flamante director, que visitó hace pocas semanas al matrimonio Kirchner en la Casa Rosada, estaría dispuesto a flexibilizar algunas reglas para el caso argentino. Fue el influyente «Financial Times» de Londres el que la semana pasada previno a los mercados sobre esta posibilidad. El caso Argentina, según ese medio, podría constituirse en una excepción a la regla (en una renegociación con el Club de París, el FMI hace la supervisión completa de los compromisos asumidos), permitiéndosele en cambio una declaración sobre su futura política económica, aprobada, desde ya, por el Fondo. El diario británico objetó la excepción promovida por Strauss-Khan y recordó que este «inmerecido favor» podría venirles de parabienes a las perspectivas electorales de Cristina de Kirchner, pero que con la manipulación de los números del INDEC se estaba enmascarando una fuerte presión inflacionaria.
Paños fríos
Dura advertencia. Los paños fríos los puso Paulo Nogueira Batista, director de Brasil en el FMI, quien recordó a la prensa que existía un antecedente de renegociación con el Club de París sin acuerdo formal con el Fondo. El caso del propio Brasil, en 1992, durante el gobierno de Fernando Collor de Mello, cuando se reinterpretó el Art. 4 del convenio del FMI, aumentándose de anual a semestral la periodicidad de las misiones técnicas de control. Y para que no quedara ningún tipo de dudas sobre las intenciones del país vecino, Nogueira Batista reforzó: «Brasil está dispuesto a apoyar a la Argentina en sus discusiones con los acreedores, incluso facilitando información sobre la experiencia del acuerdo de 1992». Buen gesto, desde ya, sobre todo cuando Brasilia necesita que la Argentina, su socio más importante en el Mercosur, tenga accesoal crédito mundial y deje de depender exclusivamente de los bonos venezolanos.
Mientras tanto, también durante la semana pasada, el secretario de Comercio de los EE.UU., Carlos Gutiérrez, llegó a Brasil. Venía de Uruguay, el único otro país de la región que visitó en su gira. El motivo oficial para el viaje del norteamericanocubano fue continuar las conversaciones para la promoción del etanol y los biocombustibles, iniciadas por los presidentes Bush y Lula en marzo de este año. Pero Gutiérrez además vino con la especial misión de presidir las reuniones de un grupo de ejecutivos de Brasil y Estados Unidos, una suerte de cámara empresarial binacional creada por los mismos Bush y Lula durante la visita de este últimoal país del Norte. Se le encargó desde un principio la coordinación del grupo a Josué Gomes da Silva, presidente de la textil Coteminas y a su vez hijo del vicepresidente del Brasil, José Alencar Gomes da Silva. En las reuniones estuvieron presentes los representantes de diez grandes empresas que invierten en los dos países, como Gerdau (aceros), Votorantin (celulosa), Vale Do Rio Doce (minera) y Embraer (aeronáutica) por Brasil, además de Citibank, Coca-Cola, Cargill, Intel y Motorola por los EE.UU. Esta cámara mixta de empresarios con intereses en EE.UU. y Brasil tiene como misión asesorar a los dos gobiernos en aquellas decisiones de políticaeconómica que afecten a las relaciones bilaterales, y en temas como comercio, inversiones, intercambio de tecnología y medidas para estimular la competitividad. Tendrá dos cumbres anuales al año, una en Brasil y otra en EE.UU. Basta sólo detenerse en un par de números para calibrar su influencia y capacidad de lobby: u$s 45.000 millones es lo que mueve el comercio entre ambos países, y superan los u$s 35.000 millones las inversiones norteamericanas en Brasil. «La recomendación prioritaria fue llegar a un acuerdo bilateral sobre impuestos para evitar la doble tributación» (por la que una misma empresa, que opera en Brasil y EE.UU., paga dos veces el Impuesto a las Ganancias), aclaró Gomes da Silva. El mismo secretario de Comercio norteamericano, Carlos-Gutiérrez, se refirió también al tema: «Brasil y EE.UU. tienen sistemas tributarios complejos, pero creemos que se podrá avanzar rápido para llegar con una solución a la próxima reunión de mayo».
Las propuestas del grupo empresarial binacional incluyeron también consensuar las reglas recíprocas para fondos de inversión, acordar medidas de protección para los inversores y armonizar los padrones regulatorios de las respectivas agencias impositivas -la brasileña Comisión de Valores Mobiliarios (CVM) y la norteamericana Securities and Exchange Comission (SEC)-, para que los fondos de riesgo (venture capital) puedan tener registros aceptados automáticamente en Brasil y EE.UU.
Consultadas sobre el tema, fuentes de la Cancillería brasileñadescartaron de plano que esta cámara o Fórum de CEO Brasil-Estados Unidos fuera la antesala de un acuerdo comercial (TLC) como el que acaba de firmar el país del Norte con Colombia. «Además de una muy buena relación personal entre Lula y Bush», aclaran, «Brasil es visto como un parceiro (socio) confiable por parte de los EE.UU.»
Resumiendo, mientras que la Argentina está jugando al límite con los plazos para rehabilitarse en los mercados financieros internacionales, supeditando un compromiso con el FMI al discurso de campaña electoral centrado en la economía de la papa o el tomate, nuestros vecinos están consolidando una muy eficiente y productiva sociedad comercial.
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