Pese al alza de los commodities, la guerra en Ucrania no beneficiará las agroexportaciones

Economía

La guerra desatada entre Rusia y Ucrania sacudió a los mercados globales, no sólo por el rol estratégico que tienen ambos países como abastecedores de energía y alimentos sino también por el alto impacto que tiene el conflicto en la actividad portuaria de la zona del Mar Negro.

Un informe elaborado por el Departamento de Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario indica que “la importancia de Rusia y Ucrania para la estabilidad económica global exacerbó la volatilidad de los mercados, condicionando las proyecciones de inflación, crecimiento y comercio global a mediano plazo”.

El impacto en la Argentina llega de manera indirecta, más por las reacciones en los mercados que por lo que realmente implica el comercio bilateral con ambos países. En el caso de Ucrania la relación comercial es mínima, pero Rusia siempre fue un mercado atractivo para las exportaciones, especialmente las del complejo agroindustrial. Si bien los indicadores vinculados a la balanza comercial se vieron afectados por la pandemia y la compra de vacunas durante los últimos dos años, ya el 2019 nuestro país había logrado un superávit comercial con Rusia por u$s359 millones, con exportaciones que rondaron los u$s652 millones.

Actualmente, los negocios con Rusia incluyen a los complejos cárnicos, frutícolas (especialmente peras, manzanas y cítricos), maní, pesca, lácteos y vid, que a partir de ahora se podrían ver afectados por la devaluación del rublo y por las complicaciones que pueda tener Rusia para cumplir con los compromisos de pago a partir de las sanciones que aplique el mundo occidental en términos financieros.

En el caso de los granos, el análisis requiere mayor complejidad. Gustavo Idígoras, titular de la Cámara de la Industria Aceitera y ex agregado agrícola en la Unión Europea advirtió que “todo conflicto genera incertidumbre a nivel mundial y eso se ve en los principales bienes de consumo, más aún cuando los protagonistas son dos potencias agrícolas. El primer efecto ya lo vimos y fue el alza de precios, aunque no debemos dejar de lado que la región del Mar Negro es una zona del mundo que compite con nuestro Río Paraná, que además se cerró y que hubo un buque de Cargill que fue atacado. Eso es un problema porque el Mar Negro provee el 35% de las materias primas alimenticias a nivel internacional”.

Ucrania y Rusia son competidores directos de nuestro país en varios de los productos de los complejos cerealeros y oleaginosos que exportamos. Si bien las cotizaciones de trigo y maíz llegaron en los mercados de referencia global a máximos históricos, los productores argentinos no podrían aprovechar los altos precios ya que en el caso del trigo, de acuerdo con el volumen de exportaciones de equilibrio fijado por el Ministerio de Agricultura, el grano de la actual campaña ya está prácticamente vendido: se comercializaron 13,8 millones de toneladas sobre un total de 14,5, es decir que ya está comprometido el 95% del cupo exportable.

La situación para los productores de maíz es similar ya que la proporción del saldo exportable que resta por fijar precio es limitada. Según la información provista por la Bolsa de Comercio de Rosario, “las DJVE representan ya el 90% del volumen de equilibrio, por lo que no se pueden seguir anotando ventas al exterior a menos que falten menos de 90 días para el embarque”.

Uno de los productos que también se podría ver afectado es el aceite de girasol, ya que los países en conflicto implican cerca del 80% del saldo exportable a nivel global. Según Idígoras, esto no afectaría a nuestros consumidores ya que “en el caso del aceite de girasol tenemos el fideicomiso del mercado interno, donde subsidiamos el precio para el consumidor, por lo tanto ante cualquier movimiento abrupto, el fideicomiso podría atenderlo”.

Si bien los precios de los aceites a nivel global ya se habían incrementado por cuestiones climáticas, esta situación podría favorecer a los productores de girasol. En este sentido, Idígoras precisó que “los precios internacionales se mantienen en un rango alcista, favorecerían al productor para la próxima campaña y le darían un grado de rentabilidad tal que justificaría una expansión del área. El girasol, que históricamente ha venido en decadencia podría crecer en superficie porque aquí se suma otro efecto, que es el de la sequía, y el girasol es un cultivo que tiene una resistencia natural al estrés hídrico. Los precios altos siempre incentivan a una mayor producción, aunque no necesariamente implican que vamos a capitalizar un beneficio en el corto plazo”.

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