26 de junio 2003 - 00:00

Cómo funciona en el resto del mundo

Cómo funciona en el resto del mundo
Desde que se inició la crisis en México, en diciembre de 1994, se intensificó el debate en el mundo acerca de la eficiencia en la política de liberalización total en los movimientos de capitales. Economistas, funcionarios e inclusive informes difundidos desde organismos que pregonan el libre mercado, como el FMI, abrieron un mar de dudas sobre esa política.

Uno de los dilemas planteados es hasta qué punto la liberalización total es responsable o agudiza las crisis financieras y, por otro lado, dado que los países ricos no aplican controles, ¿eso explica su riqueza o por su riqueza pueden liberar los controles? En EE.UU. no hay control de capitales, lo mismo en los ricos países europeos o en Australia o Nueva Zelanda. Pero son economías en equilibrio, que no sufren ataques especulativos.

La discusión sobre los controles de capitales puede remontarse a 1957, con el Tratado de Roma firmado por la comunidad europea. Allí se puso como objetivo la liberalización del movimiento de capitales. Hacia los años setenta, Alemania, Holanda y Suiza habían eliminado todas las restricciones, mientras que Francia y todo el sur de Europa las mantenían. En junio de 1988, el Consejo Europeo dispuso que el 1 de julio de 1990 había que liberalizar plenamente los movimientos de capital. Hubo excepciones para España e Irlanda con plazo hasta fines de 1992 y para Grecia y Portugal hasta fines de 1995. En el caso de Irlanda y Grecia, la demora se debió a la difícil situación de balanza de pagos y su alto nivel de endeudamiento externo.

El movimiento liberador se extendió a Australia, Nueva Zelanda y Japón, que en la primera mitad de los años ochenta también liberaron sus mercados de capitales. Le siguieron la mayoría de los tigres asiáticos y, detrás de ellos, ya entrando en los noventa, se sumaron los latinoamericanos, como la Argentina y Perú. Este último liberó sus controles con Alberto Fujimori, y como evidencia a favor señalaba que, a pesar de los controles impuestos por Alan García, no se impidió una fuerte fuga de capitales al exterior desde 1987. Una de las pocas excepciones del continente fue Chile, que recién hace dos semanas terminó de eliminar sus bancos como parte del acuerdo para cerrar el tratado comercial con EE.UU. Chile eliminó el mecanismo de encaje, establecido en la década de los noventa para limitar el ingreso de capitales de corto plazo que generaba, al igual que sostiene Roberto Lavagna hoy, apreciación cambiaria. Chile exigía la permanencia en el país por seis meses de una parte de los capitales que ingresaban. Algunos economistas chilenos dicen que fue lo que les permitió no verse afectados por la crisis mexicana de 1994.

Pero mientras unos liberaron controles, otros debieron ir recomponiéndolos. Cuando la República Checa experimentó grandes ingresos de capital en 1994, gravó con 0,25% las transacciones interbancarias en moneda extranjera y puso límites a los préstamos a corto plazo en el exterior, también para evitar que su moneda se apreciara y les restara competitividad a sus exportaciones.

Malasia
anunció controles selectivos en setiembre de 1998. Hasta ese momento los controles de capitales eran un tema prohibido en ese país. Entre las medidas adoptadas se limitó la cantidad de dinero e inversiones que los residentes pueden llevar fuera del país y se exigió un período mínimo de estadía de un año para las carteras de inversiones extranjeras. Esta medida se convirtió, desde entonces, en un impuesto a la salida de los fondos.

• Acompañamiento

Prestigiosos economistas acompañaron estas políticas. Paul Krugman les sugirió a los tigres asiáticos que adoptaran controles cambiarios. En 1999, el premio Nobel Paul Samuelson también señaló que es utópico decir que nunca debe haber restricción a los flujos de capitales y advirtió que ni EE.UU. es lo demasiado fuerte como para evitar que tenga un problema de ataque especulativo.

El debate ha llegado a tal punto que, incluso desde el FMI, las visiones son encontradas. Mientras que en mayo pasado la número dos de ese organismo, Anne Krueger, advirtió a Brasil que no aplique medidas de control al ingreso de capital golondrina, desde 2000 que especialistas de esta entidad vienen poniendo dudas sobre los beneficios de la liberación total de capitales. En enero de ese año el organismo dio a conocer un informe, donde señala que
la liberación brusca al control de capitales aplicada en la Argentina, Perú y Kenia puede ser riesgosa y que cierto control puede ser útil para países que buscan cubrirse de una crisis. Un caso que se menciona es el de China e India, que tienen un alto control de capitales y salieron inmunes de la crisis asiática. También el hasta hace pocos días economista jefe del Fondo Kenet Rogoff sacó en marzo un trabajo donde aclara que China y la India, que se valen de controles amplios y prolongados, han logrado altas y sostenidas tasas de crecimiento.

Sin embargo, más allá de los desencuentros, todas las visiones coinciden en un punto: ningún control de capital podrá reemplazar las necesidad de aplicar políticas económicas consistentes.

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