22 de septiembre 2004 - 00:00

Contra reloj

Impetuoso, cegado por el oficialismo, el cónsul Héctor Timerman comenzó a reescribir la historia. En su habitual exposición radial, ayer habló sobre «el día en que Néstor Kirchner ganó la primera vuelta electoral». Como es sabido, en ese turno (en el que Timerman presumiblemente votó a Elisa Carrió) se impuso Carlos Menem, hecho que el diplomático obligó a recordar de nuevo con su error. Timerman, convertido en el azote de Dios del gobierno, se explayó también en una caracterización apasionada y negativa de Rodrigo de Rato, quien, según él, plantea exigencias de rigor económico porque no tiene que preocuparse por la desnutrición infantil, es decir, «porque no tiene gente a su cargo». Es curioso que todo este caudal de argumentación, aun con sus desaciertos, provenga de un cónsul en Nueva York. ¿Dónde está el embajador en los Estados Unidos? ¿Por qué José Octavio Bordón mantiene su espada enfundada?

Acaso Timerman vio de nuevo la hora para, reescribiendo la historia, mudarse a Washington y ascender a embajador. Fiel a ese sentido de la oportunidad que le ganó el sobrenombre de «Taimerman».

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