22 de agosto 2001 - 00:00

Cupones bursátiles

No hubo puente sobre las aguas turbulentas y otra vez se vio cotizar «el miedo», en los paneles de Buenos Aires. La negociación con el Fondo más parece una ceremonia de «armisticio», de cuando los vencedores imponían durísimas condiciones a los derrotados de una guerra, la mayor parte -o todas-de las veces: condiciones que resultaban imposibles de cumplir. De ahí que los mejores historiadores y analistas, al analizar las dos grandes guerras del siglo pasado, coinciden en puntualizar que el origen de la Segunda Guerra Mundial se debió en gran parte a las condiciones, opresoras por demás, que les habían impuesto a los alemanes. Y que, al juntarse con las secuelas de la Gran Crisis del '29 en el mundo, forjaron el ambiente para que la democracia fracasara en Alemania y se la viera como responsable, por parte de la gente, de los sufrimientos que se padecían.

Y esto dejó camino floreado para dos senderos, uno cubierto por los comunistas. El otro, por los nazis.

Ahora no hay guerras declaradas, no acabamos de perder ninguna, pero nuestros augustos representantes hace como una docena de días que están metidos dentro del «vagón», donde se pactan las condiciones de nuestro armisticio definitivo. Liso, llano, sin ninguna posibilidad de chistar...

«Quieren saber qué vamos a hacer en los próximos diez años...», se leía desde un matutino del día domingo. Afortunadamente, no habría Bolsa el lunes, como para dejar una rueda y tratar de que las aguas se tornaran a aquietar un poco. Explicaciones de funcionarios, tratando de pinchar expectativas favorables, sabiéndose que lo que sucedía en los Estados Unidos: era un vapuleo y pedidos concretos que podrían resultar casi imposible de cumplir. Si se afirmaran en el espíritu de todo el derecho romano, podrían firmar las condiciones y después recordar que «es nula la obligación de cosas imposibles...».


Los que aquí vivimos, tenemos en claro que la situación solamente se dilata, que no hay más que sombras por delante y que los optimistas lo son en el sentido espiritual de la palabra: sin poder dotar de bases serias, a esa actitud positiva por simple decisión. Se viven horas muy delicadas, mucho más que aquello que el grueso de la población parece tener en claro. A estas alturas de publicación de estos «cupones», escritos el domingo para aparecer el miércoles, es probable que la tensa espera se haya terminado. Cualquier novedad, por flaca y gris que sea, puede resultar mejor que la incertidumbre y las versiones que han poblado el ambiente. En tanto, unos pocos pueden firmar en nombre de todos, sea lo que fuere. Si dentro de un tiempo, ya no estarán...

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