Se decidió Cavallo a confiarle a la comunidad quiénes son los que persiguen, aniquilan, todos los intentos argentinos por enderezar su rumbo... son los tenebrosos «fondos buitre», dijo el ministro con rostro de suspenso. Cuando fue contando sobre ellos, la piel se nos ponía de gallina: ¡porque estos tipos tienen un equipazo, ministro, estos tipos vienen dulces y --encima-invictos! Parecen ser como los All Blacks de las finanzas y que han volteado a cuanto rival se les puso enfrente. El mismo funcionario que quería transmitir confianza a la población instalaba la idea de «... ¡a estos tipos no se les puede ganar, caray!».
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Nuevas y renovadas torpezas que vienen desde arriba, irrigando a todos los de abajo con aguas mediocres producidas por gobernantes que se lanzan sin redes a tomar espacios en cadena y a improvisar discursos en los que, buena parte de las veces, meten la pata sin remedio. La teoría conspirativa es tan vieja, como las debilidades que permiten desequilibrios. Pero, además, la caza de brujas se extiende hasta los simples ciudadanos que suenan a verdaderos delincuentes: por el solo y simple hecho de hacer caso a lo que reza el principio de la libre convertibilidad.
Cavallo relataba el hecho de la gente cambiando pesos por dólares, para guardar éstos donde se le ocurriera -menos en el sistema-como si se tratara de peligrosos enemigos públicos. Corrió a «echarles el guante», a colocar vallas, a inventar la figura de un «contrabando de dólares», y todo para qué: para que los que no lo hicieron a su debido momento quedaran mascullando bronca, por ser tan tontos de haber creído en los funcionarios. Más enemigos públicos, más rabia reconcentrada en la gente, más ganas de gritar y pa-tear a alguien. Más consumidores esterilizados, así como esteriliza los pesos que ya no podía convertir... en nada. Lo más odioso es que se presentan como si fueran los padres de cada uno, que nos estuvieran cuidando y evitando que nos quememos. Paren, no nos cuiden más, y no sean tan groseros en las medidas. Porque si alguien piensa que pueden llegar a meterse en cada casa, para confiscar las cadenitas de oro, en virtud de la pretendida emergencia y de los terribles «fondos buitre»: es una hipótesis válida. Lo cierto es que se probó plenamente que la convertibilidad era sólo un acto de magia, sostenido por lo fiduciario. Imposible de entregar cada dólar por cada peso, porque la tasa de interés se iría a las nubes al escasear los pesos, los pusieron contra la pared y la convertibilidad dejó de funcionar.A cambio, un nuevo mecanismo, donde los pesos casi no existen más y proclive a ser reemplazado por cualquier otro bien sustituido, de la más baja calidad.A eso se reduce el tema, para no dar el brazo a torcer de que la convertibilidad: también fue otro Dios que fracasó...
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