20 de mayo 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

Hay una arremetida fuerte de la demanda sobre papeles que representan acciones (que no lo son) y que responden a la importación realizada en nuestros paneles bajo la denominación de CEDEAR. En una versión rosa, de la relación con los ADR argentinos cotizantes en NY, alguien podrá argumentar que se trata de una corriente bursátil, intercambiando especies entre mercados. Y está bien. Hay una diferencia que cada quien juzgará si es, o no, importante: los títulos que representan argentinos constituyen una pequeña línea decimal en los negocios del NYSE o de otros similares, una nota de color, una estampita «sudaca» en las cubres del Norte. Y, en tanto, los CEDEAR han comenzado a cubrir sesenta, setenta (y en ascenso...) por ciento de los negocios en efectivo que se hacen en nuestro recinto. Nosotros resultamos el plato exótico de un millonario; ellos ya están siendo el sustento mínimo para que el sistema argentino de Bolsa justifique su actividad. Y a no ser por tal importación de materia prima transable, difícil es suponer una plaza realizando ocho, diez milloncitos -de pesos, no de dólares- por rueda, con unos veinte a treinta papeles abriendo.

Y es nuestro final como Bolsa representativa de las fuerzas de un país su fuente para abrevar empresas, si bien podemos estar siendo espejos de un país que se extingue. Al menos, bajo la fisonomía que le hemos conocido.

En la televisión, los que quieren aparecer esclareciendo a la opinión pública se entretienen en cruzar espadas (unos conductores enviando mensajes indirectos a otros conductores que detentan otras posiciones) y armando polémicas sobre si esto es culpa de la devaluación o si el asunto fue no haberlo hecho antes. Todavía no están de acuerdo sobre el diagnóstico, ni ellos ni sus invitados; imaginemos cuánto pueden tardar los remedios. A la Bolsa, claro, solamente se la tiene en cuenta para las placas de noticiarios nocturnos, donde se da la pincelada de las alzas y las bajas. Parece ser que no solamente no conocen, sino que ni siquiera
sospechan la importancia -como pésima señal- que tienen las relaciones actuales de los negocios en nuestro recinto. Y de qué manera hay que vivir de prestado, agentes y sistema, con el concurso, y el recurso, de ofrecer Kodak o Microsoft en lugar de Acíndar y Ledesma. Muchas de éstas deben mucho, y varias de las líderes son más de los acreedores en dólares que de sus grupos de control actuales: es una realidad, que la nueva Ley de Quiebras, votada a medida, puede convertir en una redada de locales que pasen a extranjeras, o de extranjeras que queden en manos de otros, de otra bandera. Los argentinos esta vez no participarán de la fiesta, como en las privatizadas; algunos de esos grupos audaces se enterarán de que serán -en el vientre del león- digeridos y hechos cordero asimilado. Entonces, tendremos un mercado a rayas, total, pero no de color celeste y blanco. ¿Espejo del país? Hmmmm...

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