21 de mayo 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Un director por enfermedad, el otro por «razones particulares», falta un tercero basado en «motivos de fuerza mayor». Mientras, Blejer, el jueves a la tarde, aparecía como desmintiendo la renuncia propia: seguramente que el cambio de estación le hacía caer gente a su lado, herida por esas frases de molde de la burocracia argentina que intenta todavía dar lacónicos mensajes a una población que debe anoticiarse de estos argumentos inconcebibles, para justificar lo que es más sencillo dar como: renuncia. No agreguen estupideces detrás de esa palabra y si lo que hay que decir no se puede -por razones de urbanidad-déjenla nada más que en eso. Que «las defensas superaron a los ataques...», o que en la Bolsa «hubo más compradores que vendedores» (explicando una suba), corresponden a los rígidos moldes de un pasado lejano y cuando los renunciantes lo hacían por esos motivos tan poco digeribles, como los difundidos en esa tarde. No hace a la cuestión, pero sí lo hace. Es otra señal de seguir dentro de las engañifas a una población que después se entera por los hechos, nunca por los dichos, de lo que sobreviene en una gestión pública. Un signo de involución, por más que muchos supongan que la evolución se mide por tener un cierto número de computadoras, o llevar teléfonos celulares colgados de un cinto...

Una sociedad que está desorientada, atomizada del modo más insostenible, que no posee ninguna consigna, ninguna meta común que la reúna, está gobernada por personas que cavan una trinchera entre lo que se les ocurre y lo que tienen que transmitir a la gente. La mentira a flor de labios, la falacia como argumento más utilizado, la simulación... en la lucha por la vida (diría José Ingenieros, en una obra que retrata a muchos gobernantes de la actualidad). Una simulación luchando por quedarse atornillados a sus status, a su sensación de poder, a creer que están unos cuantos escalones arriba de la vida del ciudadano.


A estas alturas, de publicación de estos «cupones», se sabrá si Blejer está -o no- en su cargo. Las apuestas lo daban «50 a 1», renunciante, pero así como en los mundiales los apostadores a veces quedan lejos de las verdades de las canchas, acaso resulte un batacazo y se lo vea al frente de una entidad que está al borde de perder hasta el «quórum», para determinar algo.
Directores se precisan, Central promete buenos ingresos y una salida elegante, que puede estar sintetizada en una enfermedad equis (que se está llevando mucho este otoño) o bien -excusa muy paqueta- con problemas particulares insolubles. El mercado, es el dato, no se movió casi nada cuando arreciaron los rumores el jueves (ni el dólar) es como quien dice: la renuncia de Blemer «está descontada». Y quizás, así sea.

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