...Y el otro día le dijimos a Julio Ramos: «Mire, Julio, si no hay apoyo, renunciamos». Como esta columna es media íntima con un grupo de lectores que se han aficionado a su seguimiento, como quien todos los días se fuma un puro y es distinto al grueso de los fumadores, podemos contarle algunas anécdotas del mundo interior: si alguno se pregunta qué respuesta obtendríamos de Ramos, dada esa situación del principio, pues que tiene un antídoto bastante ingenioso frente a planteos extremos de esa naturaleza. Se asoma por la ventana de su oficina, le señala al interlocutor la gente que transita (estando en el edificio de Carabelas era mejor, porque había las largas colas para pagar impuestos el Banco Ciudad) y le dice: «Ve, toda esa gente allí abajo haciendo cola, quiere trabajar en Ambito Financiero...» Lápida. Es difícil reaccionar cuando el libreto viene de tal modo, como para promover una sonrisa donde había el gesto duro, del que cree que va a colisionar contra el jefe. Sabe el lector que esto tiene plena actualidad y no, justamente, en nuestro diario sino un poco más arriba. Cuántas veces van que Duhalde hace aquella de Jerry Lewis, en la película «El terror de las chicas», siempre amenazando irse para que se le tirasen encima y no dejarlo. Hasta que un buen día, nadie se movió... y el protagonista daba pasitos cortos, e insistía, «pero, miren que me voy y no vuelvo...». Nada. «Bueno, me voy para siempre, abro la puerta y salgo y... no me verán más.» Hasta que cerraba sin salir, mientras todos lo miraban. Una chiquilinada. Y el país no puede estar viviendo entre el caos económico, el nuevo diagnóstico sobre la liquidez bancaria con duración de dos meses (el español habló del Banco Río y tres meses, pero ya se fue uno, por lo que coincide con lo dicho ahora por Fundación Capital), el estrangulamiento financiero, social, político, y quienes están en tren de amenazar con si se van o se quedan. Presidente del Central, entidad clave, presidente de la Nación, vuelto apenas, de una extensa agenda de relaciones europeas y ya yendo hacia la puerta... A todo esto, nuestras acciones se mostraban en una función de refractar todo lo que les llegaba y del modo en que saben hacerlo los títulos de oferta pública: sobre quince ruedas de mayo, ¡trece habían sido con bajas! Del riesgo-país ya no se habla en ninguna parte, pasó de moda, y menos mal: porque para el jueves se rozaban los 6.000 y era una cima histórica en el mundo. Default por aquí, caída de ventas por allá, recaudación que debe ir camino a la inexistencia absoluta (por el desorden social que se advierte, donde no se puede y no se quiere pagar a un Estado, al que se apunta como causal de la desgracia general). Se podrá argüir lo que se quiera, sobre obligaciones del ciudadano, del contribuyente, de ser solidarios, de no agravar las cosas: pero, el sentimiento de revancha en algo, suele pasar por lo fiscal.
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