Los cargos de «administración fraudulenta y cómplice necesario», resultan excarcelables para la ley argentina. Esto, dicho con relación a una información que daba cuenta sobre posible la excarcelación de un ex banquero local, quien estuvo incurso en estafas sobre 21.000 ahorristas, y que -para rematarla-el diario «Clarín» -8/10/02- da como aditamento que: «fuentes seguras revelaron que alto miembro del Vaticano se interesó en los últimos días, por la situación del banquero, que cultivó una fluida relación con sectores de la Iglesia local, especialmente con el cardenal Antonio Quarracino y con la curia romana»... Como se desestimó la figura de «asociación ilícita», por las otras dos acusaciones podría tener el camino libre hacia la calle. Es del tipo de notas, de noticias con valor agregado, que pasan como si tal cosa por el horizonte del ciudadano. Inclusive, cuando se realizan hilvanes tan directos como los que se manifiestan en esa nota, de donde se puede desprender un eslabonamiento directo entre acusado y detenido -curia local y del propio Vaticano-fallo favorable de la Corte para otorgar la liberación. Un enchastre. Del que no vimos posteriormente aclaraciones, ni manifestaciones en contrario, lo que acrecienta la carga negativa que posee el nuevo episodio (uno entre tantos, en la ciudad desnuda) y mientras hacíamos en esos días referencia, precisamente, a lo que sucede en los Estados Unidos con directivo de la «Enron» al que le estarían por sacudir... 25 años de cárcel
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No, es un estafador de ahorristas con sus balances falsos, es un ladrón que no utiliza armas, ni ganzúas, pero que provoca muchas más desgracias que los otros. Y de tal manera es atendido, por muchas relaciones que posea y que, a esos niveles, seguramente posee. La corrupción está en todas partes, los desvíos obviamente que también, lo que marca la diferencia es qué sucede cuando a un tipo le caben las acusaciones. ¿Qué tal movilizaciones, para pedir por remozar y adecuar los vetustos códigos penales? Porque es seguro que deben existir muchos eruditos en conocer de qué manera se pueden cometer las peores felonías, siempre bordeando la cárcel y nunca teniendo que entrar a ella, más que temporalmente. Lo que convierte a todo el sistema en inseguro intrínsecamente, y si venimos de un período donde todo tipo de derechos, de contratos, de leyes, de normas, han volado por los aires en virtud de la voluntad de algún decreto, o de un Congreso canallesco, parece muy atinado que para volver a fundamentar la República, se atienda todo el caso de los castigos. A menos, claro, que aparezcan los filósofos de siempre: para decirnos que eso no arregla nada. Que leyes duras, con más penalidades, no van a desterrar los delitos: no, pero pueden conseguir que el que atropelló a la sociedad, no esté libre para volver a inventar alguna trampa. Y eso, ya es un buen comienzo...
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