3 de abril 2003 - 00:00

Cupones bursátiles

... La función debe continuar. El viejo lema del tablado, que asimila sus problemas y tristezas y -a la manera del legendario Garrick- «el alma llora, cuando el rostro ríe». También el lema tiene vigencia en los mercados bursátiles, comprobado esto después de algunos pocos intentos de suspender operaciones, ante hechos graves de la historia. Las presiones que se acumulan, la desesperación de los que quieren realizar lo suyo y ven la puerta clausurada, la acumulación de fastidios y de broncas que esto provoca se convierten después en un alud que cae sobre los recintos de golpe, pisoteándose unos y otros y provocando la ruptura de toda contención y límites. Suspender operatoria es, nada menos, que inyectar el virus del «pánico» en cualquier sistema. Acaso una rueda, que sea tomada de sorpresa y con hechos que no están debidamente claros y en poder de todos. Tal vez una más, hasta que todos los intervinientes hayan entrado en contacto con la noticia y extraído sus conclusiones. Pero, no más que esto, si bien siempre resulta chocante ver gente transando, sentados sobre una pila de muertos de alguna parte. Lógicamente, cuando los mercados demuestran que no siempre pueden «descontarlo» todo por anticipado reflejan las huellas, de lo que el acontecimiento les deriva. Lo vemos en Esta Wall Street tomada también entre dos fuegos, el de una guerra mucho más dilatada y costosa que aquello que sus autoridades del país les contaran. Y efectos que comienzan a erosionar desde adentro a la economía, con líneas aéreas otra vez en grave emergencia, o indicadores manufactureros que no dan las resultantes deseadas.

El día que Buenos Aires no operó, justamente debiendo también recordar una guerra, el índice Dow y los que se alinean detrás cerraron marzo con el peor de los sucesos.Algunos repuntes por entusiasmos fugaces la habían dejado como para tener un respiro de repuntes, pero derrumbados en las últimas ruedas. Una selectividad de rubros, buscando los que puedan extraer algún beneficio del conflicto, no ocultará el intenso sufrimiento de corporaciones empresarias que ven una caída de sus ventas. Y así como John Kennedy se acicalaba prestamente antes de descender del avión presidencial respondiendo -ante la pregunta de un asistente sobre porqué hacía eso- que: «Es porque del avión no baja John Kennedy, sino los Estados Unidos...», del mismo modo los símbolos internacionales de sus grandes marcas son las que verán boicot, como el declarado en Brasil.Aunque no se registren atentados con esos nombres-símbolo, toda muestra de resentimiento por la guerra irá a repercutir en menos consumidores para sus productos. No resultará una ecuación sencilla de resolver, pero en estos tiempos no estaba la economía de ese país pasando por estado floreciente. Y siendo la locomotora del mundo, aquella recesión temida que estaba flotando -sin Irak- pasa a ser una variable a considerar en cualquier país, que sentirá la onda expansiva.

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