3 de octubre 2003 - 00:00

Cupones Bursátiles

Continúa llegando información acerca de la rígida política de la empresa Solvay Indupa, en pro de cancelar compromisos asumidos. Esto, que no merecería tal vez más de un par de líneas en un país y una economía normales, en un medio como el que estamos viviendo se debe ganar más espacio y cálidos elogios. No hizo nada extraordinario, solamente abonar en término los intereses correspondientes a Obligaciones Negociables en pesos, convertibles en acciones ordinarias, que tienen un valor nominal de 80 millones de pesos. Los poseedores de tales títulos de deuda privada cobrarán en conjunto u$s 10.700.000 y resultan papeles de una emisión de 2001, cuyos intereses devengan en dólares, a la tasa fija de 13,375% anual. Oportunamente, en setiembre, Solvay Indupa había otorgado un dividendo anticipado, en base al balance de mitad de año, por la suma 0,0125 pesos por acción ordinaria. Lo que denota el esfuerzo y el interés por responder a expectativas de sus asociados, accionistas, por una parte. Pero sin descuidar el cronograma de vencimientos de compromisos contraídos por la empresa. Mien-tras el país se constituye en un hervidero de papeles de «deuda soberana» que son repugnados en sus condiciones, oficialmente, o que merecen vergonzosas propuestas unilaterales, extraemos una de las perlas blancas del escenario: hacer honor a las deudas. Principio que supo regir nuestro destino, aun en momentos tan difíciles como cuando la «crisis de Baring» y donde se asumían responsabilidades, aunque se pidieran facilidades.

Mientras esto llegaba, como buena novedad para el sistema, arribaba el sorpresivo anuncio de Atanor SA, que sólo unas semanas antes había realizado otro de sus actos en la Bolsa de Comercio, que resultaban un buen ejemplo de los grupos de control contactándose con sus accionistas para tratar pormenores de la marcha de la sociedad o números de balances, como también nuevos proyectos.


Nada parecía prenunciar que iría a enviar una noticia que dejó helados a unos cuantos: realizar una oferta pública a los poseedores de sus acciones, con la finalidad del retiro de la acción de la oferta pública. ¿Qué llevó a tal determinación? Lo sabrán en la cumbre del poder societario, pero da la impresión de una orden que se tomó en días previos, no mucho más que eso, en virtud de esas reuniones que se seguían citando al salón de actos de la Bolsa.


Una pésima nueva señal de deserción de especies cotizantes; en el caso de Atanor es un daño todavía mayor, porque venía revistando entre las líderes, contenía virtudes en su marcha empresaria y hasta había incorporado más activos para pronosticarles muy buen porvenir a sus seguidores. Un papel de primer orden, sin duda, que deja un vacío importante y debe ser lamentada su ida en momentos donde se precisaba una corriente inversa para ampliar el menú de opciones.

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