Cuesta imaginar semejante perfección, regularidad, de generación de negocios. Tres ruedas seguidas, no sabemos de las siguientes, con el repiqueteo de $22 millones de efectivo para las acciones. Es para pensar. Deja la sensación de que se produjo esa mancomunión de impresiones, donde las carteras mayores dijeron: «Bien, hasta aquí pagamos. Ya es bastante para el año, busquemos otra cosa...». Todo pasó nuevamente al otro lado de la mesa, al del vendedor que debió ajustar su abastecimiento para no desbordar plazas que mostraban las carencias de órdenes. ¿Seguirá así? Ese cartelito de «plaza pesada», pocas veces tan bien definida como en esas ruedas ¿resultará sostenible...?
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He ahí una pregunta. La pesadez nunca termina en buen puerto, porque el vendedor también comienza a pensar que no tiene por qué ser sostén de índices de precios que toman cuerpo irreal. Y le carcome la ansiedad de esperar una rueda tras otra, por la recuperación de los negocios, aguantados el vender cantidad para no deteriorar los pisos: pero, viendo que la puerta se le cierra un poco más.
Se alejó la posibilidad de hacer cima de «1.000» Merval, en el curso de noviembre, algo que parecía asunto cocinado desde el cierre de octubre. Casi, porque en Bolsa se debe pensar adelantado, era para tejerse el posible escenario para el día después de llegar a «1.000». Y resultó que ese «antes empezó a hacer agua, sin que hubiera señales cambiadas en el contexto general. No se agregaron malas noticias a las que están a la vista, únicamente la llegada de balances trimestrales a la Bolsa. Pudo haber resultado un detonante, pero no para la venta indiscriminada: sino, para detener la corriente de demanda que movía las ruedas y les daba dinamismo. Esa cercanía en la línea de corte, entre oferta y demanda, aquello que anula los negocios porque los límites resultan casi iguales para ambas fuerzas, es la demostración de la calificación de «plaza pesada». Muchas veces confundida con la «plaza floja», o malinterpretada, la pesadez es lo que traba al sistema, pero no lo convierte en vulnerable. Si bien puede culminar en que la plaza rompa hacia el lado de la oferta, harta de aguantar, y que los precios reciban la orden del desafío para volver a ser tentadora al comprador. Hay una deserción de tomadores a niveles Merval de arriba de «900», es lo que evidenció el tránsito por la semana. Hablamos de tomadores en serio, no del simple juego del trading diario, que no respondieron después de atravesar esos límites. Con el impulso se fue hasta estar muy cerca de los «1.000», pero ahora vemos que lo que predominaba era corriente más de venta que de compra.Y algunos se quedaron colgados de los picos, en medio de una plaza que pierde liquidez hasta llegar a semejantes montos. Con $ 22 millones no hay mercado, no lo hay en estos términos de cotizaciones, no se puede afirmar ni convalidar nada.