Diciembre amaneció como cuando un deportista, un atleta, proviene de haber realizado un formidable esfuerzo para conseguir su objetivo. El Merval salió «campeón» bursátil del año, unas cuantas fechas antes de cerrar el campeonato de 2003. Y después de haber realizado un ritmo de marcha acompasado, regulado por momentos, tomó notable aceleración en un «sprint» final que involucró especialmente a setiembre, octubre, y el mismo noviembre: en el último caso teniendo un «ahogo» en la primera quincena, pero logrando cortar la cinta de los «1.000», una rueda antes de concluir su actuación.
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Después de esfuerzos semejantes, los actores suelen decir que se quedaron «vacíos», fagocitados por el personaje que interpretan noche tras noche. Y esta primera rueda de diciembre pudo dar para pensar en eso, en un relajarse después de haber llegado a la meta y una necesidad de sentarse sobre el éxito y recuperar energías.
Una rueda no dice nada, obviamente, un lunes de inicio muy tibio es parte de la historia tradicional. Hubo en esa rueda dos golpes bien marcados: por las bajas, el sacudón hizo dar un retroceso hasta los «988» puntos. Por la reacción, el extremo mayor retornó a los «1.003» puntos: el cierre, una marca curiosa de «999», a un suspiro de los cuatro dígitos, pero sin llegar. El volumen fue el elemento que dejó la sensación de descanso, con apenas $ 40 millones en acciones y siendo una suma muy débil para sostener semejantes marcas del índice. No hubo deterioros, porque la oferta recogió su velamen y se volvió a acomodar a las posibilidades: pero, el riesgo potencial quedó flotando en el aire, a sabiendas de que un desborde vendedor no podrá ser asimilado y pagarán... los precios. Una sola rueda, habrá que esperar las siguientes. Pero, con solamente «aguantar» con la defensa bien plantada hasta concluir el ejercicio, igualmente coronará un año de excelente nivel. El Merval ganó a cuenta, como para regalar el último mes de intrascendencia, si es que esto se perfilara así. Pedirle, exigirle más, por el sólo hecho de pretender un crecimiento constante similar a lo anterior, solamente puede pasar por la mente del que entró tarde, en los niveles más altos de finales de noviembre. Los que precisan otro recorrido para ganar lo suyo y donde el piso para ellos es «1.000», no dando importancia a los orígenes del año y a la marcha desarrollada. Los demás, saben que nada les pudo ofrecer utilidad semejante a lo que han rendido las acciones locales, y suponemos que en esa línea de inversores la impaciencia no estará presente. Se precisa ampliar la base, para sustentar el milenio y moverse en búsqueda de más alturas. Se precisa, para no correr peligros innecesarios y ensuciar un movimiento bursátil que resultó sumamente exitoso. Construir con pocos ladrillos, teniendo tanta «crema» para distribuir, puede hacer tambalear el edificio. Sería una pena.
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