Se abrió un frente de tormenta, externo, con las inquietudes que planteó Greenspan al variar la redacción de los lacónicos mensajes en la Fed. Muchos han interpretado que la entrelínea del mismo dejaba la posibilidad abierta a cierto retoque de las tasas que son referentes del mundo. Y no es un tema menor. Porque bien sabemos que, cuando se pone en marcha la aspiradora de capitales del Norte, comienzan a trepidar los mercados de riesgo y en un «efecto dominó» que va viendo caer las fichas de los menores, ante el resguardo de quienes poseen inversiones en plazas desarrolladas y no desean moverlas, hasta que la situación se ponga más tensa. Esto es: en caso de alerta amarillo, el común de los inversores foráneos opta por liquidar en mercados de alto riesgo, y alta rentabilidad, para cubrir pérdidas en los que resultan más seguros. Nadie queda fuera del circuito, si ese mecanismo comienza a transportar la inquietud. Por allí, en tren de suavizar la cuestión, algunos que intentaron oficiar de «intérpretes» de ese mensaje de la Fed apuntaron que la suba se pondría en marcha únicamente cuando la inflación se hiciera presente en Estados Unidos. No ante amenazas de que pudiera presentarse. Difícil de digerir esa teoría, porque Greenspan conoce de memoria que, una vez que se haya hecho presente, el cortarla es mucho más difícil. Por otro lado, ese déficit monstruoso que generó Bush debe financiarse a la manera clásica: tomando capitales del mundo a través de tasas más tentadoras.
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Si estuviéramos en la situación del inversor en acciones, no perderíamos de vista ese desarrollo de aconteceres y que pueden crear un vuelco sobre los mercados, de manera acentuada. Como en el caso de la inflación, no es cuestión de aguardar que el cambio de tendencia se presente, sino que hay que estar a buen resguardo antes de eso. En lo interno, la palabra «embargo» ya ha estado en titulares de los diarios. Se ha instalado, como antes era «negociación» o «quejas de acreedores». Es sencillo desestimar el riesgo, desde esferas oficiales, porque ellos mismos son los que hicieron la apuesta, al todo o nada, y dicen estar tranquilos porque se han tomado los recaudos, como para que no se pueda ejecutar el mencionado «embargo». La creencia de que todos son torpes en el mundo es lo que vuelve sobre el tapete en esta curiosa técnica de educar a las masas. Hay fallos en contra: «Qué me importa». Salen pedidos de «embargo»: me río. Y así fundamentar una recuperación nacional con los valores puestos de cabeza. El inversor también debe tomar buena cuenta de esto, sin esperar a que pueda existir una falla en la estrategia de los gobernantes y que, después, salgan a tener que explicar, tarde. Creer que todo son lisonjas, cuando los funcionarios salen al exterior, es la impresión que se desea crear. La imagen de un «superhéroe», que cae simpático en todas partes y todos le rinden tributo. Demasiado infantil, como imagen, pero que parece funcionar bien hasta el momento. Y hasta cuando la realidad coloque las prime-ras banderillas, sobre el lomo hinchado... Informate más
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