6 de diciembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Es poco lo que queda por hacer en el ejercicio 2004, no más de un par de semanas antes de ingresar en la órbita navideña, donde el ambiente se va diseminando y las mentes intentan bajar de sus archivos el mero mercantilismo. El paso inicial por diciembre sacó adelante, con bien, una prueba que le venía de la última fecha de noviembre y ese impulso alcista que no poseía mucho sustento. Levantó en volumen, se introdujeron unas cuantas órdenes más de compra y se pudo alcanzar otro saldo positivo con lo mejor en el indicador de tal volumen en ascenso.

Mientras en derredor bullían los sindicatos, corrían riesgos de discontinuidad servicios tan esenciales como los teléfonos, trenes o subterráneos, se gestaba también un nuevo saltar de vallas. Y en este caso, para forzar a que el Banco Central deje de lado lo que, con tanta pompa de «independencia», se quiso forjar años antes. Nada queda de independiente, ni las estadísticas básicas; nada está exento de ser modificado a voluntad cuando se lo requiera. No parecían pesar nada en los ánimos tales cuestiones; algunos se animaron a que el repunte provenía de encontrarle otro banco a la controvertida propuesta del canje a los bonistas. Nos quedamos con la impresión más primitiva: que dentro de lo gobernable que resulta el mercado, por magnitud y conformación, cuando se precisa resucitarlo basta con cerrar grifos vendedores importantes y salpicar con algunas órdenes, dirigidas justamente al centro de control del Merval: los tres papeles clave. Se vio claramente en la última fecha de noviembre -con Galicia subiendo 5%- y resulta parte de la estrategia habitual. Hasta dónde resulta así un mercado liberado a sus fuerzas naturales o una plaza que responde a los designios de pocas manos fuertes, resulta un interrogante sencillo de contestar, ateniéndonos a montos, desarrollos y piezas clave.

Lo que están consiguiendo los inversores del ejercicio actual no es desechable ni mucho menos, frente a la gama de variables accesibles. Tal vez sea escaso por tratarse de una inversión del mayor riesgo y en nuestro medio.

Quedan así estas semanas de diciembre, las que están disponibles para todo resultado.


Y entraremos después en una zona estacional baja, por calendario, pero que acaso concentre todo el calor de situaciones clave en el país. No sería la vez primera, sino la enésima, donde los veranos en la Bolsa no son en absoluto para el sopor. Eran así hace tiempo, en el ámbito del
viejo recinto y cuando el letargo lo invadía por la ausencia de muchos operadores e inversores, que vacacionaban. Y posiblemente haya que utilizar estas semanas para ir diseñando actitudes, ya sea que se esté, o no, en Buenos Aires. Como para palpitarse un ejercicio 2005 que tendrá «sucundún».

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