Está bien que un elenco gobernante, en este caso, el de Córdoba, haya diseñado una suerte de «comité de crisis» (aunque no lo llamen así, porque en nuestro medio es difícil llamar las cosas por su nombre) y esté trabajando con ciertas hipótesis de mínima para 2005. Mientras muchos otros se basan en crecimientos virtuales, en panorama normal, algunos ya están imaginando cómo defenderse si es que las aguas vuelven a bajar turbias. Claro, no llegan todavía a la hipótesis mayor de ese rango mínimo, que sería un país rompiendo lanzas con el Fondo y decidiendo vivir hacia adentro, enojado y ofendido con el mundo occidental. En Córdoba prefieren imaginar que pudiera seguirse sin acuerdo, pero abonando religiosamente los compromisos. De todos modos, están en la senda apropiada y la que varias veces mencionamos para el simple inversor: que las cosas no tengan un final de buenas consecuencias. La Bolsa, como cuerpo homogéneo que parte de lo heterogéneo de las opiniones, está dando una votación mayoritaria en favor de la cautela, del paso de alta incertidumbre, como queriendo dejar correr los días y llegar a alguna conclusión más definitoria. ¿Podría decirse que hay una tendencia en suspenso, desde finales de noviembre? A todas luces, y estadísticas, es así. La energía escasa se utiliza como para permanecer en una meseta, sin mayor aspiración y rezando para que la oferta no se desbande. Que no surja alguna nueva contrariedad o frente riesgoso en el país, como para que la sobriedad del vendedor se vaya al diablo. Y es coherente lo bursátil, tanto como lo de Córdoba, y acaso como debe estar sucediendo puertas adentro de muchas sociedades cotizantes, que ven con espanto lo que se les viene -como salarios- sobre los costos. Ni siquiera los chinos, que todo lo inundan, preocupan tanto en la escena como lo que se está viendo de nuestra propia cosecha. La tambaleante presencia de un ministro al que no conviene recambiar ahora, hecho que también condiciona los pasos de 2005. Sería bueno que los cordobeses incorporen, si es que no lo han hecho, la hipótesis de una economía sin Lavagna. Más que nada, porque no es sencillo acertar con el nombre -y más que eso, con la dirección que le impriman que pudiera ir en tal espacio clave. Todo es tan tierno, tan endeble, tan pendiente de que lo vuelque cualquier viento, que la Bolsa opta por echar el ancla y buscarse alguna bahía donde encuentre la seguridad que el mar abierto de la alta transacción no puede otorgarle. Anclar o quedar a expensas del oleaje del Mar del Norte parece ser clara la opción. No existe armada -ni Bolsa invencible, cuando, además de confrontar con el enemigo natural, hay que luchar contra los elementos inesperados y decisivos. Es tiempo de evaluar, en serio, qué nos puede traer 2005, y no privarse de nada.
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