15 de junio 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

La inflación pasó a resultar un tema para tener en cuenta, además de todos los que venían en lista de espera. De hecho, se habla sobre ella y se la sigue mucho más de cerca. Hasta el punto de crear enfrentamiento entre dos altos funcionarios, por algunas décimas de más, o de menos. Se vino en días atrás augurando niveles no inferiores a inflaciones pasadas, como para seguir aumentando el acumulado del año. Todo da como para decir que una inflación, de graduación todavía baja, ha vuelto a residir en nuestro medio.

Sin embargo, los balances de las sociedades prosiguen teniendo que ignorarla, por simple capricho oficial. De tal forma, las empresas continuarán teniendo que abonar impuestos por ganancias solamente nominales, lo que constituye casi un acto de confiscación. Las firmas protestaron bastante en su momento, después se pasaron a silencio y sabiendo que estaban gritando en el desierto. Pero ahora ya hemos visto algún que otro estado contable, donde los directivos vuelven a poner lo olvidado nuevamente en vigencia. Y es que son sumas de gran importancia, que ya vienen siendo percudidas por las subas de costos -la consecuente pérdida de margen- y que en la línea final de los recortes, se encuentran con tener que pagar por lo que debería estar corregido, ante la presencia inexcusable del índice de inflación.

Dentro de lo bastante que se recuerda de «los setenta», esto también es una segunda versión de lo que en aquellos tiempos sucediera. Cuando se porfiaba en seguir anotando en números «históricos», mientras lo inflacionario hasta había dado origen a la creación del gran éxito de la década: los «vanas». Papeles públicos que se corregían por inflación. Sin embargo, se postergaba la incorporación a los balances, hasta que todo ya se distorsionó como para no tener relación con nada...
 
Llegaron después los números corregidos por inflación, se fabricó un modelo a la medida y, también, llegó otra época: donde la convertibilidad acabó con inflaciones y ante ello las fórmulas estaban presentes, pero nada ya corregían. Así que en una muestra de que la estabilidad sería «eterna», como vociferaba un ministro, se decidió retornar al simple número histórico. Una tontería mediática, no más que eso, porque si no se mueven las agujas de los precios, los instrumentos no registran nada se emplee el modelo que se quiera. En cambio, de haber seguido vigente el sistema, automáticamente hubiera comenzado a actuar. ¿Hasta dónde se estará dispuesto a negar la presencia de inflación en los balances? ¿Hasta qué índice se hará soportable para que las sociedades prosigan abonando por la utilidad virtual? Esto se podrá ver en la segunda parte de la película, porque la tendencia no parece ser decreciente en los precios, y el malhumor empresario, aumentando.


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