Emergencia por aquí, emergencia por allá. Un país que se ufana, en cuanta reunión tienen cabida los funcionarios públicos, acerca de sus índices y no alcanza a dar explicaciones -más que el pasado- sobre las cuestiones vitales que funcionan prendidas con alfileres. Improvisaciones que después deben ser revisadas (ahora, el tema del «arancel migratorio» que se suspendió por 180 días), planes fastuosos que se declaman sin saber de qué manera implementarios (el de los inquilinos, propietarios).
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Tienes «bala» por un lado, pero intimaciones judiciales para que, al menos, funcionen racionalmente los que ya están. Un largo rosario en escaso lapso prosigue engrosando las realidades contrastantes. Y no podía faltar lo que se acerque mucho más a la economía, la producción, inclusive derivando en lo bursátil. Las medidas anunciadas de modo tan grotesco que casi literalmente significa: las empresas que se las arreglen como puedan si no tienen energía, agregando que esto no va a incidir sobre los costos.
Quisiéramos saber que se habrá comenzado a debatir en el seno de las grandes compañías, respecto del nivel de producción y/o planes de expansión de plantas, frente al hecho que no podrán superar lo de 2005. Es tan liviano el enunciado, como suponiendo que cualquiera se arma un equipo de un mes para otro y puede proveerse de energía. Que si esto fuera cierto: habría que pensar en que todos nuestros empresarios son unos tantos. Y que nadie, después de varios años de penar, se ha dado cuenta de esta nueva solución genial que aportó el señor De Vido.
He ahí, otro dilema para lo que pueda proyectarse en Bolsa sobre balances y rendimientos futuros. Las que actúan en el sistema cotizante no pertenecen al grupo de las pymes, sino de aquellas que deben dejar todo lo que venían planeando para dentro de unos meses: en tren de salir a resolverse el grave tema, de tener la energía necesaria para producir más. Que es, sin equivocarnos, la clave del crecimiento genuino y no inflacionario. Ahora bien, si un sector está con demanda permanentemente creciente y no puede responder con más oferta: posiblemente caiga en el clásico asunto del «costo plus» ( fabrico a $ 10, vendo a $ 12. Y si me cuesta mucho, o no consigo producir más, pues aumentaré el precio a sabiendas de la demanda). Cada lío en que se meten, terminan por pasárselo a los privados y desentendiéndose del asunto: absolutamente. Pero estarán con los garfios prestos y el ojo avizor como para sermonear y amonestar a los que no produzcan más, o aumenten el precio. Que un segundo en el poder lance semejante mensaje, en medio de los grandes productores: casi no cabe ni en un libro de Ripley.