Una semana como hubo tantas, una rueda como hay muchas, así se presentaba la apertura de período en los mercados. Y así fueron cerrando su actuación -sin lustre-del lunes pasado. El Dow Jones entre sus sombras largas, con leve caída inaugural y que ha pasado a ser una costumbre. Los chinos que se habían desplomado antes, casi con 6% negativo, y por la región aparecía la nota de color. Gran novedad del día la confirmación de haber descubierto al «Pelé» de los pozos petrolíferos del mundo actual. Lo que llevó a los brasileños a aplicarle su habitual rótulo a casi todo lo que califican: para qué andar con chiquitas, «esto será el mayor descubrimiento del mundo en los últimos 30 años». Sin embargo, curiosamente, estar como primer gran receptor de la gran noticia no permitió salvar al índice de San Pablo. Y que quedó con una caída de 0,70%.
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Pero -y aquí la nota de color-lo que no pudo hacer el hecho en Brasil lo realizó en la Argentina. Y nuestro también debilitado Merval del lunes resultó el único que terminó con signo positivo: con un aceptable 0,3%. Brasileños y españoles, Petrobras y Repsol, participantes en el descubrimiento, resultaron los sostenes del indicador local. La acción de los españoles con nada menos que 17% y la de Brasil, rozando 8 por ciento.
En esta última, con un notable movimiento y que consumió 265.000 nominales -en «925» operaciones-a un precio de mercado de $ 194 por barba.
Inyección fuerte para los totales del día en acciones, que superó los $ 147 millones de efectivo. Si se miraba al listado autóctono, sin estar «o mais grande do mundo», el índice M.AR retrocedía un medio por ciento. Color prestado -bienvenido sea, a falta de otra fuerza-que marcó una rueda de lo más rutinaria y aburrida, en una jornada con ribetes atractivos. Y, al menos, dando algo de qué hablar a los sufridos -y raleadoshabitantes, del frío ambiente de nuestro recinto.
Vivir de prestado, se sabe, no dura casi nada. Y si no aparecían algunas otras fuerzas más genuinas, la semana ya había arrancado con la gracia de tres cadáveres.
Da para pensar la notable mutación que se produjo en cierta cantidad de años, entre Brasil y Argentina.
Recordamos cuando se remarcaba siempre, que la falencia brasileña era su dependencia del petróleo y su carencia, que la obligaba a importar. En tanto, aquí algunos se confundían hablando de un país sin problemas (diciéndole « petrolero», mientras el recordado Grunëisen, de Astra, remarcaba que sólo éramos un país «con petróleo». Y que, además, no era de alta calidad y muy costosa su extracción).
Tiempos cuando la Argentina se daba el lujo de «ventear» el gas que le sobraba y que no tenía utilización. Hoy, nosotros navegamos en la carencia y Brasil, y su persistencia y buenas políticas, lo llevan a esto. ¡Ja!
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