Ahora arranca una nueva discusión, que está quedando en un plano más discreto porque lo del campo acapara todos los focos. Y es la de ver un dólar que se fue desinflando, cuando los industriales ya están periódicamente -y utilizando medios alternativos-remarcando que «existe un atraso cambiario». Que la divisa se fue erosionando con la inflación y, como conclusión, que el tipo de cambio ya no resulta competitivo. Es casi un hecho que una vez descomprimido lo agropecuario -y esperemos que así sea-la prédica irá subiendo de tono. Aquí se debe abrir un paréntesis, para tratar de poner la cuestión en blanco y negro. Porque los industriales invocan algo que es real, pero no oficial. Y se suman a toda la caravana que pide desde diversos sectores, por distintas razones, quejándose por la comezón desatada por la inflación. Sin embargo, también forman parte de la misma caravana que ha observado de manera inmutable todo el desastre realizado desde el gobierno con el INDEC, con los datos falsificados. Y prestándose a avalar esos datos, que se defienden solamente desde los funcionarios.
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Sería bueno que alguien del poder les diga: ¿a qué pérdida de competitividad se refieren, si la inflación está controlada y es baja? Lindo callejón sin salida para aquellos que prestan acuerdo para lo falseado, pero reclaman en total desacuerdo con eso. Parte de una larga tradición de hipocresías argentinas, que mostrando temor por el poder de turno -y sus represalias-intentan sacar su partido sigilosamente. Y cuidando de no mencionar abiertamente la causa del argumento. Que, sin embargo, lo suelen «colar» a los medios y la opinión pública, a través de estudios privados y personajes relevantes de los «gurúes» económicos. Como para jugar al consabido: «Nosotros no lo decimos, lo dicen ellos...».
Y así como está instalada la queja por el tipo de cambio, más evidente, siempre van dejando en el insólito tercera plano la cuestión que es todavía más erosionante para los balances empresarios. La verdadera confiscación que se sigue realizando, al no permitir aplicar "ajustes por inflación" y que el fisco aprovecha para tomar porciones de utilidades virtuales, nominales, que no se compadecen con la realidad inflacionaria.
Si alguno quiere plantear la antinomia de campo e industria, mostrando que los problemas y las quejas las plantea el sector agropecuario, siendo más apacibles los de la industria: no será porque tengan menos problemática por motivo de queja. Si se pormenorizan distintos asuntos -el retrógrado impuesto al cheque es otro tema-es probable que la mochila de la industria esté más cargada. La diferencia es que no la exponen con la crudeza necesaria y sólo tratan de no irritar al soberano, mostrándose como «aliado» y procurando pequeñas ventajas periódicas.
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